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Violencia obstétrica: la dejaron 9 horas con su bebé muerto en la panza y rodeada de recién nacidos

Una mujer realizó una denuncia contra la clínica y la prepaga tras vivir el momento más duro de su vida sin nada de contención médica.
por Redacción Rumbos twitter @RumbosDigital Agosto 9, 2017

Era octubre de 2014, faltaba un mes y medio para que Johanna Piferrer diera a luz a Ciro, su primer hijo. Fue a hacerse un monitoreo (que son habituales en esta etapa) y no podían escuchar el corazón del bebé. La hicieron cambiar de posición algunas veces y pensaron que no funcionaba bien el aparato; fueron a buscar otro, y tampoco. Inmediatamente, le hicieron una ecografía de urgencia y se comprobó lo peor: Ciro estaba muerto.

“Yo empecé a llorar, le dije que no podía ser, que diera vuelta la pantalla que quería ver a mi hijo. El papá de Ciro se desplomó. Yo me levanté de la camilla y fui a abrazarlo. No sé cuánto tiempo nos quedamos abrazados en el piso. No lo podíamos creer, tampoco sabíamos qué hacer“, revela la mujer a Infobae. Días más tarde, la autopsia revelaría que el bebé llevaba 48 horas sin vida.

La pareja estaba atravesando un momento durísimo y lo que menos se imaginaban era que todavía los esperaba una odisea tortuosa.

“Nos mandaron a esperar al obstetra a la maternidad, en el quinto piso. Nos dejaron solos esperándolo en una sala llena de mujeres con panzas enormes, familiares que llegaban con regalos y flores, abuelos felices. Se oían los llantos de los recién nacidos”, recuerda.

Cuando llegó su doctor les dijo que se trataba a una muerte perinatal, que se trata de una muerte posterior a la semana 20 de embarazo y que solo si hacían una autopsia podrían saber qué le había ocurrido a Ciro.

“Unas horas después me internaron y me dijeron que me iban a inducir el parto. Que era mejor un parto natural así podía tener otro hijo rápido y, además, evitaba que me quedara una cicatriz. Yo les decía que no estaba en condiciones psicológicas de tener un parto natural, que no podía parir así, que por favor me hicieran una cesárea. Me dejaron 9 horas internada en la maternidad con Ciro muerto en la panza. Cuando pregunté por qué tardaban tanto me dijeron que lo mío no era una urgencia”, cuenta Piferrer.

Afortunadamente, en ese momento llegó a la clínica una amiga de Johanna que es abogada, quien ayudó a acelerar el proceso. “Me hicieron una cesárea y me preguntaron si quería verlo. Les dije que no, no podía. Cuando terminó la cesárea, en vez de llevarme a una sala común me volvieron a llevar a la maternidad. Me acuerdo que iba en la camilla, dopada, y veía los carteles con los nombres de los recién nacidos colgando de las puertas. Adentro de mi habitación había dos carteles: uno decía: ´señora mamá, si va al baño no deje a su bebé solo’, el otro decía: ‘señora mamá, dele de amamantar a su bebé´”, rememora la mujer.

¿Lo peor ya había pasado? Johanna estaba internada, no tenía a su familia con ella y, cuando su hermana logró llegar desde Tandil, no la dejaron pasar porque estaba fuera del horario de visitas. Explicó de todas formas lo sucedido, pedía por favor ver a su hermana. Finalmente, lo logró.

Le dieron una medicación para cortar la leche, pero el cuerpo no la asimilaba y el líquido no paraba de brotar de sus pechos. Su hermana fue a buscar a la enfermera y le dijo lo que estaba sucediendo, a lo que la mujer le respondió: “Bueno mamita, te vas a tener que apretar las tetas”.

Todavía debían enfrentar otro momento muy difícil, tenían que decidir si querían hacer la autopsia, si lo iban a ver a la morgue y si tenían dinero para que una cochería retirara el cuerpito. “Pedimos que nos asistiera un psicólogo y mandaron uno recién a las 72 horas. Después mandaron a otra, le tuve que contar todo de nuevo”. El papá decidió despedirse en la morgue y, cuando llegó al lugar, se lo dieron en una caja azul de las que se usan en las oficinas para archivar papeles. “Para la medicina era un feto NN, para nosotros no, era nuestro hijo, lo estábamos esperando, tenía un nombre”, cuenta Johanna, que se tatuó en el antebrazo el nombre de su hijo “Ciro Nicolás Términe”.

Así era, el certificado de defunción que les entregaron decía: “Feto NN masculino, 33 semanas de gestación, 2,300 kilos”.

Antes de que Piferrer recibiera el alta, sus allegados hicieron una colecta para pagar la cochería. La mujer les dio la llave de su casa a unas amigas para que desarmen el cochecito y todos los objetos que le pudieran rememorar este doloroso momento.

“Cuando volví a mi casa era un ente. No podía ni comer, me tenían que cortar la comida para que tragara. Con el tiempo, de tanto pensar, empecé a darme cuenta de que el sistema de salud no estaba preparado para situaciones así y la sociedad tampoco”, cuenta.

Johanna entendió que la muerte de su hijo no era culpa de nadie pero que hacía falta un protocolo para abordar este tipo de situaciones que cuide a la familia en este momento tan traumático. Lo que ella había vivido estaba dentro de las seis formas de violencia contra la mujer estipuladas en la “ley de violencia de género”: la violencia obstétrica.

Así fue que decidió hacer la denuncia en la CONSAVIG, perteneciente al Ministerio de Justicia y DDHH de la Nación. Luego realizó un juicio civil por daños y perjuicios a la prepaga y a la cínica (de las que prefiere no revelar el nombre).

Lo que quiero es que se implemente un protocolo para que el personal de salud sepa qué hacer cuando a una mamá se le muere un bebé en el vientre. Darle una habitación lejos de la maternidad, así no está con flores, bebés y osos de peluche, ofrecerle contención a la familia, darle información para decidir si quieren ver o no al bebé. Yo creo que si me hubieran ayudado y me hubieran dado el tiempo, yo me habría despedido de mi hijo”, reconoce Johanna.

Actualmente, la mujer se separó del papá de Ciro y no tuvo más hijos. Recién este año -tres después de lo sucedido- pudo juntar fuerzas para ir a retirar las cenizas de su hijo y llevarlas a Villa Gesell para esparcirlas en el mar.

El caso de Johanna se suma a otras denuncias con la misma carátula, como el caso de Agustina Petrella, una actriz y comediante de 43 años, quien pidió tener un “parto respetado” pero ninguno de los derechos incluidos en esa ley fueron tenidos en cuenta.

Tags Embarazo
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