Cristina Bajo

De la buena anfitriona

Instrucciones sencillas que marcan el tiempo que nos llevaría cada preparación.
por Cristina Bajo twitter Septiembre 3, 2017

Recibir gente es un arte. Si uno quiere preparar por sí mismo la comida o hacerla preparar en casa, debemos empezar por un listado para facilitar las cosas a quienes nos ayuden. Por eso suelo tener a mano un cuaderno con instrucciones sencillas, pero que marcan el tiempo que nos llevaría la preparación.

En esa lista están manteles y servilletas alternativos, el orden en que deben hacerse las cosas, el tipo de platos, cuántos por persona, los cubiertos en su orden, la cantidad de copas, etcétera.

Algo así:

*Si hace frío, encender las chimeneas a leña dos horas antes de la reunión y mantener el fuego bajo; cuando falte media hora para que lleguen los invitados, agregarle más leña. Si dependemos del aire acondicionado, prenderlo una hora antes.

*Entrar las plantas de interiores antes de limpiar los pisos; regarlas primero, si hace falta, en el patio.

*Elegir la mantelería adecuada al encuentro, el tipo de cubiertos que deben ponerse, cuántas copas por persona, y en qué orden.

*Separar los cubiertos para servir -cucharones salseros, juegos para ensaladas, tenedor, cuchillo y cuchara grandes, espátulas, pinzas para el hielo o utensilios como hielera, sacacorchos- y alinearlos en una mesa auxiliar.

*Elegir las paneras -alargadas para los grisines, redondas y pequeñas para las galletas de mijo o de lino, chatas para las tostadas- según acompañen una entrada informal o las que van a la mesa grande.

*Dejar separados los platos o copas de postre.

*Preparar con tiempo recipientes con nueces, pasas, pistacho o lo que nos guste para tomar con el café; podemos optar por bandejas con colaciones, bombones de licor, masas árabes -el mamul es especial para el café fuerte- obleas de chocolate con menta o nueces confitadas.

*Detallar de qué manera han de armarse las tablas de la “picada”: tipos de fiambres y quesos, aceitunas, cherries y otras cosas novedosas.

*Tener listas dos jarras para el agua; los botellones de cristal con tapa sirven para que las gaseosas no pierdan efervescencia.

En otra libreta tengo direcciones y teléfonos de proveedurías que tienen productos de calidad -un buen jamón serrano, lomo ahumado, arrollados de pollo, quesos de cabra de exportación- o salames para la “picada”. En cuaderno aparte, figuran un restaurant árabe, uno chino y otro mexicano que suelen brindar platos exquisitos. Anoto allí también mis recetas: en verano, pesceto saltado en hierbas y rehogado en vino blanco, cortado en fetas no muy finas, presentado en una fuente larga, con cerezas frescas al centro de la fuente y rodeado de hojas verdes amargas. En invierno, tapa de nalga al horno con papas, zanahoria, zapallitos y rodajas de calabaza. Suelo agregar peras verdes y duras.

Dejo indicaciones sobre qué recipiente es el más práctico para cada plato y según su cantidad. Por ejemplo: la lengua a la vinagreta va en una fuente de cerámica chata u honda, según la cantidad.

Entre los panes, podemos encargarlos saborizados con orégano, cebolla o pimienta y matizar con pan negro. Incorporar pan casero recién amasado.

Anotar qué vino acompaña a cada plato. Me gusta brindar con champagne y despedir a los invitados con whisky o un licor casero, como el limoncello que suelen preparar mis alumnas o mis amigas gringas.

Sugerencias:

1) Atreverse a innovar; uno de mis jóvenes amigos compra platos y copas de diferentes juegos. 

2) Si viajamos, podemos adquirir cosas bordadas en países lejanos; sus telas suelen ser hermosas y el trabajo manual muy atractivo: dan gran vivacidad a la mesa.

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