Culturas

Mafia Millenial: organizan sus reuniones por WhatsApp y aprenden a disparar con la PlayStation

Tras la detención de los grandes capos, la mafia napolitana fue copada por bandas de jóvenes. El periodista Roberto Saviano retrata una urbe jaqueada por el crimen organizado en su versión 2.0. 
por Laura Cedeira twitter Octubre 16, 2017

Hace más de una década que Roberto Saviano vive rodeado de guardaespaldas. La vida del periodista napolitano de 38 años cambió drásticamente después de publicar Gomorra: un viaje al imperio económico y al sueño de poder de la Camorra. Era marzo de 2006, Saviano desconocía que lo amenazarían de muerte y no podría volver a caminar tranquilo por la calle, ni que su libro se transformaría en bestseller mundial, vendería 10 millones de copias, sería traducido en más de 50 países, además de convertirse en serie, obra de teatro y película.

Nápoles es la ciudad más poblada del sur de Italia, la del Vesubio, la de la pizza, la del Diego, la del turismo. Pero la Nápoles que retrata el escritor en esas 328 páginas de Gomorra –a través de una puntillosa y exhaustiva investigación periodística con toques de ficción- es la de los más de 3.600 asesinados a manos de la Camorra, la economía en negro, el desempleo del 20% y la delincuencia juvenil. Una ciudad tejida al ritmo de la red de actividades criminales que toman al puerto de Nápoles como punto de entrada o salida del país.

La historia de la mafia italiana es larga y excede a Saviano y a la audacia literaria que le costó vivir amenazado. Aunque la mafia está presente en toda Italia, la Camorra napolitana es la más antigua y la que más dinero recauda. Su consolidación y crecimiento se apoya en la histórica división social, económica y política del país: el sur pobre fue tierra fértil para los negocios mafiosos gracias a su atraso respecto al rico y próspero norte.

Aunque la droga y la extorsión es su fuente principal de ingresos, el mercado se amplió y diversificó. Aggiornados al mundo globalizado se convirtieron en empresarios polirubro: construcción, hoteles, restaurantes, industria textil y del calzado. Todo es factible de ser traficado, todo es un mercado y negocio a los ojos de “El sistema”, como ellos mismos se hacen llamar.

Un ejemplo es el interminable conflicto alrededor de la basura. Desde hace más de 30 años la mafia transporta, descarga y quema ilegalmente en Nápoles millones de toneladas de residuos tóxicos -amianto, desechos petroquímicos y metalúrgicos- de empresas del norte del país. Este negocio redondo de la Camorra -que, gracias a la poca intervención y control estatal, provocó envenenamientos, subió la incidencia del cáncer, las malformaciones congénitas y las alergias en la población, y arruinó terrenos fértiles de la zona- le agrega a la castigada ciudad un tinte apocalíptico. Las imágenes de una Nápoles casi sepultada por la basura y de los vecinos en guerra provocando incendios, enfrentándose a la policía y a los bomberos parecen una puesta en escena de la serie basada en el libro de Saviano. Sin embargo, que los napolitanos reciban miles de toneladas de basura que producen en el resto del país no es un invento de ficción, es la cruel realidad.

La mafia, que controla la recogida de basura, convierte la ciudad en un vertedero cada vez que se ve acosada por el gobierno.

Por si faltara poco, son millones los africanos desplazados o refugiados que llegaron a Europa en la última década (el mayor número desde la Segunda Guerra Mundial), escapando de las grandes hambrunas en Chad, Etiopía y Burkina Faso; las guerras civiles en Libia, Mali y Nigeria; o ambas, en Sudán, Somalia y la República Democrática del Congo. Rescatados de las aguas del Mediterráneo muchos de ellos arriban a Nápoles para caer en manos de la Camorra, que responde a la demanda y los aprovecha para otro de sus negocios redituables.

Entonces, la pregunta es, en este contexto caótico, ¿quién se animaría a invertir en la tierra de los capos?, ¿qué funcionario no cedería a la corrupción e intentaría ensayar nuevas propuestas para terminar con los problemas que arrastra hace casi un siglo Nápoles?

Los chicos de la mafia

Hoy, once años después del suceso Gomorra, un Saviano ya consagrado –colabora en La Repubblica y L’Espresso de Italia; el Washington Post y el New York Times de Estados Unidos; El País de España, entre otros medios prestigiosos del mundo– y con seis libros más: Lo contrario de la muerte (2009), La belleza y el infierno (2009), La palabra contra la camorra (2010), Vente conmigo (2011), Super Santos (2012) y CeroCeroCero (2013), acaba de lanzar La banda de los niños (Anagrama), novela de ficción basada en un caso policial real.

“Tenían el rostro de los niños que ya lo saben todo, hablaban de sexo y de armas: ningún adulto desde que los habían parido, nunca había creído que hubiera verdades, hechos y comportamientos inadecuados para sus oídos. En Nápoles no hay vías de crecimiento: se nace ya en la realidad, dentro, no la descubres poco a poco”, así describe Saviano la realidad de los niños-jóvenes que dan sus primeros –gigantes y feroces- pasos en la mafia.

En la novela, los negocios de la Camorra napolitana versión 2017 serán manejados por un grupo de adolescentes motorizados, mitad hombres-mitad scooter, que serpentean la ciudad a contra mano, pueden matar a un compañero de escuela por haber puesto un like en el Facebook de su novia, y están dispuestos a morir para tenerlo todo: el poder, el dinero y el mejor momento de la vida para gastarlo.

La mafia millennial organiza las reuniones por Whatsapp, aprende a usar las armas en juegos de Playstation y copia los rituales de iniciación de Youtube.

Nicolás Fiorillo -alias el Marajá-, de 15 años, será nuestro guía por las calles de los barrios de Nápoles. Con él aprovecharemos el espacio vacío que dejó una imprevista ausencia de capos en la ciudad, tras varias detenciones policiales, para iniciar un rally delincuencial sin fin. Arriba de su scooter iremos al Barrio Chino a comprar su primera arma, nos secuestrarán unas horas los gitanos y aprenderemos que el timbre no lo usa más que el cartero, porque en Nápoles los conocidos se llaman a los gritos.

La inspiración para el personaje de Nicolás surge del caso de Pasquale “Lino” Sibillo, el jefe real de la llamada “Banda de los niños”, detenido en 2015. También Saviano retomará las actuaciones de los fiscales antimafia Henry Woodcock y Francesco de Falco que lograron 43 condenas de miembros de la Camorra en 2016.

¿Porqué para los pibes de Nápoles no quedan más opciones de vida que sumarse al crimen organizado? En principio, hay que comprender la dimensión de su poderío, en el marco de una ciudad históricamente rezagada. Según datos de Transcrime -el Centro de investigación en crimen trasnacional de la Universidad Católica del Sagrado Corazón de Milán- las actividades criminales de la mafia napolitana reportan beneficios por 3.750 millones de euros al año, a partir de sus principales rubros, como el narcotráfico. Le siguen la extorsión, la explotación sexual, la falsificación y el contrabando, la usura y el tráfico de inmigrantes, que se ha convertido en un nuevo radio de acción.

Viviendo deprisa

Cuando las industrias más rentables son las de la delincuencia e ilegalidad, en un contexto de pobreza y violencia, la ostentación de lograr riqueza y poder de inmediato puede fascinar más que un trabajo legal pero sin perspectivas y mal pago. A los chicos de la mafia -los que “nacen aprendidos”- no les importan los medios ni los métodos para tener todo fácil y rápido, porque como dijo Emanuele (hermano de Pasquale) Sibillo, cuando cumplió dieciocho años: “celebremos mucho, que a los 21 no llego”. Lo mataron un año después. Los chicos de la mafia viven deprisa y no piensan en el día de mañana.

​Su lema es Risparmia o’ fesso (“Quien ahorra es bobo”, en dialecto napolitano).

Dice Saviano en La banda de los niños: “Nicolás había crecido observando la fila de motos y coches aparcados afuera [del Maharaja, boliche top del momento], admirando a las mujeres, los hombres, la elegancia y la ostentación, jurándose que entraría a toda costa. Era su ambición, un sueño que había contagiado a los amigos, que en un momento le pusieron ese mote: “Majará”. Poder entrar en él no era en calidad de camarero ni por un favor que alguien te concede, (…) él y los demás querían ser clientes, y acaso de los más respetados”. En la historia de Nicolás y su pandilla, está la de miles de pibes que crecen, desean, matan, mueren y caen en el influjo de una ciudad en permanente conflicto.

Es la Nápoles que tiene preso en libertad a Roberto Saviano, el periodista que se animó a romper el pacto de silencio y ahora no puede caminar por su ciudad sin mirar a los costados. Es la Nápoles que ofrece lujos y “respeto” detrás de un cristal, la que incita a romperlo y pagar con la vida el costo de los años de poder y dinero fácil.

El clandestino

El periodista que desafió a la camorra Roberto Saviano vive oculto, protegido por policías las 24 horas, desde que en 2006 publicó Gomorra, un libro que revelaba, desde adentro, el accionar de la mafia en la ciudad italiana de Nápoles.

La ciudad iluminada por Dios

El romance de Maradona y Nápoles cumple 30 años con un nivel de intensidad incombustible.

En marzo de este año se cumplieron 30 años del heroico primer scudetto de Napoli en la liga italiana. Con Maradona como comandante en jefe del equipo, la conquista de ese campeonato es para los napolitanos una revancha simbólica del Sur pobre sobre el Norte rico. “Yo era el capitán del barco, yo era la bandera. Podían tocar a cualquiera, pero a mí no (…). A todos les ganábamos. Los pobres del Sur nos llevamos un pedazo de la torta que antes se comían los ricos del Norte. ¡Y el pedazo más grande!”, relata Maradona en su libro autobiográfico “Yo soy el Diego”.

Ese 10 de mayo de 1987 quedó grabado por la eternidad en la historia del futbol italiano, en las calles y en los habitantes de la ciudad que aun respira amor y agradecimiento por el más grande de todos los tiempos. La característica incombustible de esta pasión se evidenció una vez más en el pasado 5 de julio, cuando Maradona visitó la ciudad para recibir el título de Ciudadano Honorífico de manos de su alcalde, Luigi De Magistris. Como en sus épocas de gloria, el ex capitán de la selección argentina prácticamente no pudo poner un pie en algún lugar público sin provocar tumultosas manifestaciones de cariño. La fecha elegida para otorgarle el galardón no fue casual: un 5 de julio, pero del año 1984, el club Napoli presentaba oficialmente a Maradona ante un estadio San Paolo que acababa de conocer a su Dios.

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