Vida & Estilos

Ser o no ser: El dilema entre ser uno mismo o lo que los demás pretenden que seamos

Puede que en algún momento todos nos ocultemos detrás de alguna máscara, la clave está en reconocer cuándo esto se vuelve patológico.
por twitter Noviembre 12, 2017

Es obvia la importancia de saber quiénes somos, reconocer los propios deseos y aquello que nos define y nos da identidad. También es evidente cuánto nos influyen los otros, sus expectativas sobre nosotros y sus demandas, y los mandatos que inconscientemente nos rigen. En ese interjuego de fuerzas -entre quiénes somos y quiénes esperan los demás que seamos– nuestra verdadera esencia no es más que una insignificante pelota de ping-pong que va y que viene ensayando identidades.

El concepto de self (del que daba cuenta el célebre psicoanalista británico Donald Winnicott) alude precisamente a la persona, a quien se es, a uno mismo. Pero este autor también se refería al falso self; es decir, al modo de no ser uno mismo, como si se tratase de una distorsión de la auténtica personalidad, una existencia ilusoria con el fin de proteger al verdadero self).

Y, en definitiva, lo cierto es que todos usamos de vez en cuando una máscara porque necesitamos dar determinada imagen como profesionales, vecinos de un consorcio, estudiantes, profesores, amigos. Dependiendo de nuestra función en diferentes grupos y de la impresión que queramos dar (o la imagen socialmente esperada), puede que todos utilicemos diversas máscaras.

Y no hay nada en esa máscara que pueda considerarse patológico, siempre y cuando nos valgamos de ella solo para encubrir, a conciencia y convenientemente, aspectos de nuestra verdadera identidad que elegimos mantener a resguardo.

Algo muy diferente ocurre cuando una persona pierde en verdad contacto con su verdadero self, con quien es realmente; y esa máscara se convierte finalmente en una coraza que la resguarda, pero le impide vincularse con los demás.

Un ser tímido puede que desarrolle, de ser necesario, una máscara que lo haga ver muy extrovertido. Alguien con una profunda inseguridad y baja autoestima puede llegar a mostrarse como prepotente y proactivo. Otros, en tanto, ocultarán sus miedos, sus estados depresivos, sus preocupaciones variadas. Se trata tan solo de personajes. El inconveniente surge cuando un personaje (máscara) se torna tan conveniente, que comienza a representarse con mucha frecuencia y termina fagocitando a la persona. El malestar se vuelve entonces inevitable. La persona se ha confundido con su máscara.

Muchas personas y por diferentes motivos terminan envueltas en sus propias corazas. En principio, porque las necesitan, pero luego quedan cautivas.

Por eso, más allá de lo que elijamos mostrar a los otros, debemos procurar no confundirnos olvidando quiénes somos en realidad. Transitar el camino que nos lleve a aceptarnos dependerá, en gran parte, de que podamos vernos a nosotros mismos sin disfraz alguno.

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