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Grandes viajes para pedirle a 2018

Año nuevo, viajes nuevos. 

por Diego Marinelli | Enero 1, 2018

Meca del vino, destino de moda.

Cada año que comienza renueva la fantasía de conocer nuevos lugares, de tachar un destino nuevo en la lista de viajes soñados. Y Burdeos debería ser uno de ellos, al menos si hacemos caso al sinfín de especialistas e influencers que vienen señalando a la capital del vino francés como “el” lugar para descubrir en estos tiempos.

Hasta los años 90, Burdeos era una dama elegante pero un poco desvencijada. No por nada durante años recibió el apodo de “La bella durmiente”, que hacía referencia a un patrimonio arquitectónico tan fabuloso como descuidado. Hasta los finales del milenio, visitarla era una experiencia un poco “depre”: una pequeña París oscura y provinciana, con todos sus edificios (joyas de todos los momentos históricos, desde la Edad Media hasta el siglo XX) tiznados de negro, por la acción de la humedad sobre la piedra caliza con la se construyó casi todo por esos lares. Ahora las cosas han cambiado. Mucho. Muchísimo. Las fachadas reflejan toneladas de luz, relucientes en su tono natural, y un ambicioso plan de reconversión urbana le cambió radicalmente la cara a través de priorizar la circulación peatonal, instalar una red de silenciosos tranvías y recuperar el esplendor de su centro histórico, donde la vida fluye a raudales impulsada por una población joven, por el carácter multicultural y, por su puesto, por la cultura del vino.

El año pasado, la prestigiosa guía Lonely Planet eligió a Burdeos como el lugar de Europa que había que visitar sí o sí. Tamaña afirmación se debe a que la Burdeos del siglo XXI se ha convertido en una ciudad amable, a escala humana, donde -se intuye enseguida- debe ser muy grato pasar los días. Una ciudad francesa hasta la médula que ofrece muchos de los encantos de París, pero sin el estrés de una gran capital.

En torno a las mansas aguas del río Garona se despliega un laberinto urbano capaz de conmover a los amantes de la arquitectura y la historia, pero a la vez marcado por un estilo de vida desenfadado, con una cantidad indecible de vinerías, pequeños restaurantes de cocina de autor, bares con terrazas en la calle, tiendas de diseño y el aire juvenil y hipster de su numerosísima población universitaria . La dama elegante ya no tiene complejos, se ha enfundado los jeans y ahora está más bonita que nunca.

Todos los barrios de la nueva burdeos “hipster”

El secreto de Burdeos está en sus barrios. El fenomenal proceso de mejoramiento urbano que transformó a la ciudad desde comienzos del siglo XXI abrió la puerta a que lugares poco frecuentados -algunos de ellos incluso marginales- se convirtieran en sitios llenos de vida, en los que es posible constatar hoy el carácter multicultural, dinámico y exquistamente gourmet de la ciudad. A zonas tradicionales como el Quartier Chartrons, un barrio de aires parisinos, lleno de anticuarios y encantadoras tiendas de diseño, se han sumado lugares como Saint Michel, un viejo barrio de clases populares que hoy da cuenta de la explosión hipster de la antiguamente conservadora y provinciana Burdeos.

Otro hito inevitable en el nuevo mapa de Burdeos es el Marché des Capucins, el mercado más grande de la ciudad, rodeado por un barrio de inmigrantes africanos y caribeños que está siendo transformado por una “gentrificación” que lo ha llenado de artistas y estudiantes, que traen consigo el inevitable brotar de barcitos y cafeterías cool. Algo parecido ocurre en sitios como los alrededores de la plaza de Fernand Lafargue y la rue de Saint James (la antigua puerta por la que pasaban los peregrinos del Camino de Santiago), una zona que hasta hace pocos años nadie pisaba sin una razón de peso y hoy es “el lugar” para disfrutar de la vida nocturna. Del otro lado del río Garona, en la tradicionalmente fabril y despoblada rive gauche, han brotado nuevos atractivos como el Espace Darwin –un centro cultural y gastronómico con impronta de skate y arte callejero–, enclaves para startups tecnológicas y residencias para jóvenes emprendendores donde se dice que se está construyendo la Burdeos del futuro.

Entre los atractivos históricos de la ciudad se destaca Sant Pierre, el barrio más antiguo, un laberinto de aires medievales e iglesias antiquísimas, y la céntrica Place de la Comédie, donde se enfrentan los monumentales edificios de la Opera Nacional de Burdeos y del Gran Hôtel. Allí comienza, además, Sainte Catherine, una de las arterias comerciales más largas de Europa, con 1,2 kilómetros de largo, un paseo peatonal con todas las grandes marcas de moda, imperdible para apasionados del shopping.

Otro de los nuevos atractivos es la La Cité du Vin (Ciudad del Vino), un moderno y amplísimo museo dedicado al vino y su cultura, cuyo edificio recuerda mucho al emblemático Guggenheim de Bilbao y ofrece muestras interactivas, cursos y degustaciones, además de unas de las vistas mas hermosas de la ciudad.

Tips de la legendaria ruta del vino.

Uno de los principales tips que se le puede dar a los viajeros que buscan disfrutar de la cultura del vino en Burdeos es el Urban Wine Trail, una ruta que recorre 13 vinerías y wine-bars de la ciudad, en los que se pueden probar las distintas variedades de las más de 8.000 bodegas y 60 denominaciones de origen que conviven en la región de Burdeos. El Urban Wine Trail es ideal para aquellos que buscan buenas botellas de vino francés para llevarse a casa, ya que da la posibilidad de ir probando distintas variedades antes de comprar y es, además, una excelente manera de organizar el paseo por la ciudad, ya que las vinerías están distribuidas a lo largo y a lo ancho del casco histórico, uno de los más bellos e imponentes de Francia, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Como toda gran ciudad, la capital de la Nueva Aquitania cuenta con una “tarjeta turística” que habilita a los turistas a visitar todos sus museos y monumentos y a utilizar libremente la fabulosa red de tranvías que unen todos los puntos de interés. La tarjeta cuesta 24 euros y se adquiere en la Oficina de Turismo, que se halla frente a la muy recomendable Escuela del Vino.

Desde el siglo XII, cuando se encontraba bajo la dominación de la corona inglesa (tras la boda de Leonor de Aquitania con Enrique II Plantagenet, Burdeos fue inglesa hasta el siglo XV) Burdeos es sinónimo de vino, de su producción, comercio y cultura. Dentro de la ciudad hay una sola bodega, la prestigiosa Château les Carmes Haut-Brion, diseñada por el no menos prestigioso Philippe Starck. La ruta de las bodegas propiamente dicha comienza apenas traspasar los límites de su tejido urbano y se pueden visitar wine-makers de fama mundial a 20 minutos del centro. También hay pueblos llenos de encanto que merecen bastante más que una visita de médico, como Saint-Émilion, a unos 40 minutos del centro de Burdeos, un pueblo de película, famoso por su iglesia románica calada en la piedra caliza, sobre la que brilla un campanario de estilo gótico. Allí, la Maison du vin ofrece botellas de todos los vinos del área (quizás, la más prestigiosa de Burdeos) y concerta visitas a bodegas cercanas como la imperdible Château Siaurac.

Surf, selvas y montañas, arte de vanguardia…

Por Paz Garcia

Desde que el surfista hawaiano Duke Kahanamoku llevó el deporte a Australia (en la playa Freshwater de Sídney) allá por 1915, recorrer las rompientes que rodean los 39.000 km de costa del país-isla se ha convertido en un imán para exigentes surfistas de todo el mundo. Entre las mejores playas para surfear están Bondi, Manly, Cronulla y Byron Bay, en los alrededores de Sídney, así como las de Noosa Heads, Sunshine Coast, Surfers Paradise, Gold Coast y Burleigh Heads, en los alrededores de Brisbane (capital de Queensland). Según cuenta la leyenda, en un buen día, se puede surfear una ola por más de 2 km en Gold Coast.

Unos 100 km al sur de Melbourne, las playas de Torquay suelen tener condiciones perfectas y la cercana Bells Beach es la cuna de las marcas más importantes de la industria del surf, como Quiksilver y Rip Curl. De hecho, allí se realiza cada año el Rip Curl Pro, el más antiguo de los campeonatos de surf, organizado por la World Surf League. Si bien el gran oleaje de Bells es famoso, también se puede hacer buen surf en todo el trayecto de la Great Ocean Road (los 250 km que unen Melbourne y Warrnambool, en el extremo sur de Australia), en la península Mornington y en la isla Phillip.

En Torquay se puede visitar el Australian National Surfing Museum, que en su Salón de la Fama exhibe las biografías de los héroes australianos de ese deporte. Y si usted no se considera un avezado surfista, podrá encontrar escuelas de surf en casi cualquier destino costero.

Argentina al natural

De norte a sur, nuestro país invita a descubrir entornos naturales maravillosos en los que los viajeros pueden incluso darse el lujo de pasar allí la noche y mezclarse con el paisaje.

Propuestas que combinan naturaleza, actividades de aventura, caminatas, observación de aves, buena gastronomía local y alojamientos respetuosos del medio ambiente pueden encontrarse, por ejemplo, en El Chaltén y El Calafate, en la provincia de Santa Cruz. El Eco Camp de Fitz Roy Expediciones, en la margen oeste del río de las Vueltas y a 17 km del Chaltén, ofrece seis cabañas dobles rústicas y el refugio laguna Cóndor, es un campamento con servicios de alta calidad. Y los ocho domos de Adventure Domes del Calafate proponen un confort bien particular en la península de las Colonias, justo frente al glaciar Perito Moreno.

Experiencias similares, aunque en un marco completamente distinto, se esconden en la Mesopotamia. Entre ellas se cuentan las de Yacutinga Lodge (a 80 km de Puerto Iguazú), Don Puerto Bemberg Lodge (al noroeste de Misiones, cerca de Puerto Libertad y el Salto Yasy), Don Moconá Virgin Lodge y Don Enrique Lodge (ambos al este de la provincia de Misiones, cerca de los Saltos del Moconá), y la estancia Rincón del Socorro y la Ecoposada del Estero (ambas cerca de los Esteros del Iberá, en Corrientes).

Miami, capital del arte.

Más allá de las playas, los shoppings y los condominios, Miami ostenta un enorme y potente circuito de arte y diseño, con protagonistas como el Faena Forum de Miami Beach, el Pérez Art Museum Miami (PAMM) de arte moderno y contemporáneo, los murales a cielo abierto del Midtown y el Downtown, los graffiti y street art de Wynwood Walls, el fascinante Museo Wolfsonian y ferias como Art Basel y Pinta Miami.

En el Downtown, el trío formado por el Museum Park, el PAMM (del coleccionista argentino Jorge Pérez) y el flamante Frost Museum of Science está entre los mejores spots culturales. A unos metros de allí, el circuito artístico incluye el Centro de Artes Escénicas de Adrienne Arsht, un complejo de dos manzanas para ópera, ballet y conciertos, y, unas cuadras más al norte, la colección de arte contemporáneo de la familia Rubell, con obras de Jeff Koons, Keith Haring, Jean-Michel Basquiat y Yayoi Kusama.

El distrito Art Decó de South Beach es otro must de Miami, con unos 800 tesoros arquitectónicos de los años 20 y 30, como el Park Central Hotel y el Astor Hotel. En el mismo barrio, The Wolfsonian ocupa un imponente edificio de siete pisos de estilo hispano-árabe y alberga eclécticas exhibiciones de muebles, pinturas, esculturas, pósters, libros y cerámica. Y en Miami Beach está el New World Center de Frank Gehry, la nueva sala sinfónica de la New World Symphony.

Un amor a destiempo
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