Culturas
ENTREVISTA

Daniel Balmaceda, el escritor que bucea en el lado B de nuestra historia

Una charla de verano sobre el guitarrista José de San Martín, los paraguas del 25 de mayo y la invención del dulce de leche.

por Laura Cedeira | Enero 7, 2018

Donde otros ven bronce, Daniel Balmaceda ve gente de carne y hueso. Periodista de prestigio, investigador y autor de 13 libros sobre las intimidades de la historia argentina, Daniel recibe a Rumbos durante una tarde de verano para reflexionar sobre cosas que creemos saber de nuestro pasado. Y sobre la manera en que se las contamos a nuestros hijos.

¿Por qué creés que en la escuela se considera a la Historia como un contenido aburrido?

La Historia en los colegios es una materia más. Está muy acotada en los tiempos, en las posibilidades de desarrollarla que tienen los profesores y maestros y, además, compite con las otras materias en la captación del interés de los estudiantes. Eso hace que necesite cierta rigidez. Sin embargo, creo que cada profesor le puede imprimir su pasión y su buena onda. Y eso hace que en algunos casos sea de más interés para los estudiantes. Tiene que existir una combinación entre el interés de los estudiantes y la buena predisposición del docente. De todas maneras, en los últimos años se ha tendido un poco más hacia la humanización de las figuras de la historia. El campo de la difusión es mucho más atractivo para el que no conoce o no profundiza en esos temas, entonces toda forma de acercamiento siempre va a ser bienvenida. Es cuestión de entender por dónde pasa el interés de los chicos y tratar de acercarnos a sus necesidades y ofrecerles un contenido que los atrape.

¿Cuál fue el hecho que más te sorprendió conocer de la intimidad de nuestros próceres?

Puede ser que San Martín haya sido un pintor de talento, una persona que se hubiera dedicado a la pintura si no hubiera seguido la carrera militar. También tenía otras dotes artísticas como tocar la guitarra. Aprendió con uno de los mejores guitarristas de España; además tenía muy buena voz, era barítono, cantaba muy bien, a cappella incluso. Esas características artísticas de San Martín, que era una persona criada en un medio tan rígido como el castrense, me parecen muy atractivas. También que era muy buen jugador de ajedrez.

¿Y algo que te sorprendió para mal?

Puede ser la falta de liderazgo, en momentos en los que hizo mucha falta. Por ejemplo, en la época de la fiebre amarilla, en una Buenos Aires que se iba desintegrando por el hambre y la falta de comunicación, no se puso al frente a los hombres como para resolver el problema. Lo mismo ocurrió con el virrey Sobremonte, uno de los mejores virreyes que tuvimos y que va a quedar siempre opacado por su actitud frente a la llegada de los ingleses. No actuó como un líder y dejó desamparado a toda Buenos Aires.

¿Cómo hace un historiador para dar con detalles tan íntimos y ocultos de la historia?

En general, todo lo que tiene que ver con datos personales y humanos se encuentran mucho en la correspondencia, en las memorias escritas, en los recuerdos de familias, incluso en algunos expedientes judiciales.

A través de tus libros desmitificás algunas creencias ya instaladas sobre nuestra historia. ¿Por qué creés que se reproducen hechos falsos a lo largo de las décadas?

Cuando ya queda instalado a lo largo de la historia, un hecho histórico, una anécdota o una historia atractiva es muy difícil revertirla. Por varios motivos. El primero, es porque resulta sencillo de comprenderlo y de transmitirlo. Por otra parte, a veces, están involucrados nuestros padres. Por ejemplo, si a mí mi padre me contó que el dulce de leche es argentino y me contó el cuento de la cocinera de Rosas que, preparándole una lechada, se distrajo por la llegada de Lavalle y así inventó el dulce de leche –el 24 de junio de 1829– es muy difícil revertirlo. Otros ejemplos son los paraguas y las escarapelas del 25 de Mayo de 1810. Paraguas había lo que no era posible es que hubiera habido la cantidad que reflejaban las imágenes de la época.

Otra es la de French y Beruti repartiendo escarapelas, que en realidad eran distintivos militares. En todo caso sería repartiendo cintas. Y ese reparto de cintas celestes y blancas se dio en marzo de 1811 y, por una serie de confusiones, los historiadores entrevistan a personas que habían participado 50 años después. Ahí nació la confusión con el 25 de mayo de 1810 que, en realidad, para la mayoría de los porteños pasó desapercibido. Creo que jamás se va a poder ir para atrás con ese tema pero sin embargo cualquier investigador sabe que no ocurrió así.

¿Por qué te dicen “el cartonero de la Historia”?

Me gané ese calificativo porque era el que tomaba de los temas de la historia lo que los demás desechaban. Mientras muchos hacen foco en las fechas, en los documentos, en la letra grande del documento, yo iba a cuestiones menores. Por ejemplo, una carta que escribió un vecino en Mendoza a un amigo que estaba en Buenos Aires, donde le anunciaba que se había casado Tomás Godoy Cruz, en 1823, con Luz Sosa, una vecina de Mendoza también muy conocida. El hombre contaba el casamiento, con datos muy importante sobre quiénes asistieron, y yo me quedé con el dato de que el padrino fue el General San Martín y que ¡estaba un poco excedido de peso! Ese dato es el que la mayoría desecha y es lo que a mi más me interesa tomar porque me parece que es una humanización de una figura que es inmensa. Es uno de los grandes héroes, uno de los pocos que realmente le cabe la palabra prócer y al que nunca vamos a ver en un cuadro o en un monumento excedido de peso.

Después de 13 libros y de tantas investigaciones, ¿te parece que llegaste a comprender la idiosincrasia del argentino?

Un poco sí. Aunque es difícil porque, en mi caso, no he avanzado sobre los últimos 80 años. Es decir que el período que estudio abarca desde el siglo XVI hasta las primeras décadas del siglo XX. Entonces sin haber estudiado el peronismo creo que aun me faltan muchas piezas para ir construyendo la idiosincrasia en su totalidad.

¿Tus hijos cuando eran chicos te pedían “contame una historia de la historia”?

Ellos se criaron con eso. Con que vayamos en el auto, pasemos por un lugar, y les cuente por qué es el nombre de una calle o qué ocurrió ahí. Por ejemplo, si pasábamos por Sánchez de Bustamante y Av. Del Libertador les decía “acá chocó el primer taxi en 1905”. Lo que sí, siempre les aclaré que tal vez en la escuela les iban a enseñar otras cosas, otras versiones de la historia, y que no hay que discutirlas porque es muy complejo. •

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