Cristina Bajo
Bajo relieve

Las coplas en carnaval

A través de los siglos, estas fiestas, tan deseadas por las más bajas clases sociales, llegaron a tener un brillo inigualable y un clima en el que toda locura era permitida.

por Cristina Bajo | Enero 28, 2018

En su obra El mito, la leyenda y el hombre. Usos y costumbre del folklore, Félix Molina-Téllez dedica un capítulo al carnaval. Recordando las bacanales griegas y las saturnales romanas (derivadas del antiguo culto que los egipcios tributaban a Osiris, dios de la resurrección, de la vida eterna y de los muertos), dice que esa fiesta era una tentativa de los esclavos para rebelarse contra la servidumbre y las leyes morales impuestas por los pudientes.

A través de los siglos, estas fiestas, tan deseadas por el pueblo llano y las más bajas clases sociales, llegaron a tener, con la anuencia de las clases regentes, un brillo inigualable y un clima en el que toda locura era permitida. El autor sostiene que, si reyes o regentes hubiesen prestado atención a lo que allí se gestaba, quizá hubieran podido corregir “los enormes defectos de las castas prominentes”, y así evitar acontecimientos como la Revolución Francesa u otros movimientos libertarios.

Las “mascaradas” de París, durante la Edad Media llegaron a ser ferozmente críticas con los soberanos, parodiando sus gestos, su lenguaje, sus ropas. Ni los papas, con todo su poder, pudieron moderar estas costumbres que se habían mantenido por milenios. Pues no todo era ese fermento social; a él se sumaban otros atractivos que perduran hasta hoy, como los juegos, las danzas, los festines, las farsas, los disfraces y, especialmente, el levantamiento de las restricciones sexuales. No había libelo, dice, que pudiera superar al carnaval en el despertar de la conciencia democrática.

Aún hoy tenemos carnavales deslumbrantes en varias partes del mundo –Venecia, Nueva Orleans, Río de Janeiro–, pero hay otros carnavales, en los más humildes territorios conquistados por España en América, donde se mezclaron con viejos ritos indigenistas; estos, que se desarrollan en antiguos pueblitos de nuestro país, tienen una tónica más graciosa y, en algunos casos, picaresca pero no procaz.

Así escribe Molina-Téllez hablando de los carnavales de Santiago del Estero: “Hace un mes que florecen las Vidalas. Vidalas retozonas, ariscas, dulces… Algunas tienen lamentos de mozas engañadas y otras, temblores de morenas que sueñan desde el fondo de sus almas. Florecen en el humilde rancherío de Mjla, de Hurito Huasi, y su música se desparrama por el monte en perfumes frescos de voces e instrumentos.” Y por ahí vienen coplas con picardía, como la que dice:

El gallo en el gallinero
abre las alas y canta;
el que duerme en cama ajena
madrugando se levanta.

Cuando nos habla de los valles salteños, recuerda la costumbre de bautizar al carnaval “como si fuera un cristiano”, y aunque conserva un aire dionisíaco, tiene fundamentos religiosos. Todo empieza diez días antes, con el “jueves de compadres”, que culmina con el “jueves de comadres”, en que comienza el carnaval.

Ese día se reúnen en la casa de un vecino pudiente, con la mesa bien servida y “regada” de vino y chicha; las mujeres comentan sus quehaceres y los hombres juegan con la taba. Cuando el asado está listo, el dueño de casa da varios golpes en la “caja chayera”, cantando:

Dicen que el carnaval
viene por el camino de Salta;
Aquí lo están esperando
para el domingo, sin falta.

Otras voces se unirán, entre palmas y el dueño dirá entonces: “¡A topar se ha dicho, señores!”, y comenzará la fiesta.

Sugerencias: 1) Ver Orfeo negro, filme de culto que recrea el mito de Erurídice durante un carnaval en Río de Janeiro; 2) Leer Cantando las raíces, de Leda Valladares.

Cuatro recetas de bebidas nocturnas para quemar grasas mientras dormís
Artículo anterior Cuatro recetas de bebidas nocturnas para quemar grasas mientras dormís
Artículo siguiente Las 10 series que no te podés perder en 2018
Las 10 series que no te podés perder en 2018