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Cómo un insecto mexicano reescribió la historia del arte europeo

La cochinilla era criada por los aztecas y llegó a ser la segunda fuente de riqueza del Imperio español, más importante aún que el oro.

por Víctor Laurencena | twitter @vlaurencena | Febrero 7, 2018

La historia del arte muchas veces recorre caminos insospechados. Así como el impresionismo solo fue posible gracias a la invención del pomo de pintura, un pequeño insecto mexicano consiguió transformar al arte europeo medieval.

El rojo escarlata siempre fue un color muy importante simbólicamente, explica Devon Van Houten Maldonado en un artículo de la BBC.

Ya en el Antiguo Testamento representaba al pecado y desde entonces la mayoría de las personas poderosas lo usaban como signo de riqueza y estatus.

Entonces, imaginemos la sorpresa del conquistador Hernán Cortés cuando llegó a los mercados de Tenochtitlan (en la actual capital de México).

Allí, los aztecas comerciaban un pigmento rojo intenso, que se conseguía a partir de la grana cochinilla, un insecto que habita una especie de cactus, y que era utilizado para teñir ropas y decorar muebles. El rojo estaba en todos lados.

Por increíble que parezca, con el tiempo ese pigmento se convirtió en la segunda fuente de ingresos del Imperio Español en América, el primero era la plata y el tercero, el oro.

En la exposición “Rojo mexicano: la grana cochinilla en el arte”, el Palacio de Bellas Artes de Ciudad de México analizó cómo evolucionó este pigmento natural desde sus orígenes indígenas hasta la actualidad, aunque se enfoca en los siglos XVII y XVIII, época en que se convirtió en un colorante fundamental en obras de grandes artistas.

Cómo un insecto mexicano reescribió la historia de la moda y el arte europeos

Pero volvamos un poquito atrás en la historia…

El rojo intenso: un dolor de cabeza

Durante siglos, el rojo que se usaba en Europa venía del Imperio Otomano. Se lo conocía como “rojo turco”, y se conseguía a partir de la raíz de un tipo de planta llamado rubia. 

Sin embargo, era muy difícil de conseguir ya que implicaba un largo y costoso proceso, explica Amy Butler Greenfield en su libro Un rojo perfecto. Eso es algo que también iba en contra de la  corriente, con el aumento de la demanda de pigmentos que trajo la Revolución Industrial.

El resto de los rojos disponibles se lavaban rápido o terminaban siendo más bien rojos amarronados o anaranjados.

En América

Pero mientras en Europa conseguir un rojo intenso requería un proceso largo y caro, en el sur de México se usaba la cochinilla desde el año 2000 antes de Cristo.

Los nativos americanos habían desarrollado sofisticados sistemas para criar y procesar estos insectos y ese pigmento era usado para escribir libros, pintar murales, teñir la ropa y hasta como medicina.

La cochinilla es un pequeño parásito que se alimenta de un cáctus. Para producir el pigmento, la hembra es disecada y molida para extraer un ácido rojo que, agregando aditivos de diferente acidez, producen tonos que van del rosa al púrpura profundo.

Según relata el experto mexicano en textiles Quetzalina Sanchez, los pueblos de los alrededores pagaban tributo a las autoridades aztecas con la cochinilla y rollos de telas teñidas.

Por eso, cuando los conquistadores llegaron a la ciudad de México, el centro del Imperio Azteca, encontraron que el rojo estaba por todos lados.

“El escarlata es el color de la sangre y la grana cochinilla lo alcanzaba […] es un color que siempre tuvo significado, a veces mágico y a veces religioso”, agrega.

Si bien Cortés no estaba muy impresionado con este insecto de asombrosas propiedades (él había ido en busca de oro y plata), el rey Carlos I de España fue más hábil de reflejos.

Cuando en 1523 el pigmento llegó por primera vez a España y el Rey lo vio, le escribió a Cortés sobre la posibilidad de importarlo. Y ese fue el comienzo…

Sed de sangre

“A través de leyes absurdas y decretos, los españoles monopolizaron el comercio de la cochinilla”, explica Sanchez.

Los españoles obligaron a los nativos a producir tanto pigmento como pudieran y les pegaban centavos mientras ellos se llevaban un enorme beneficio siendo los intermediarios.

El pigmento que se conseguía con la cochinilla era diez veces más potente y rendía treinta veces más que las otras variantes disponibles en el mercado. Así que cuando los tintoreros europeos comenzaron a experimentar con él, simplemente no lo podían cree: era el rojo más brillante y saturado que habían visto jamás.

A mediados del siglo XVI ya estaba siendo usado en toda Europa, y para 1570 ya era uno de los mercados más redituables del Continente.

Incluso el rey Luis XIV de Francia ordenó que la tapicería de las sillas y las cortinas de su cama en el Palacio de Versalles fueran teñidas con este pigmento.

Pero durante los siglos XVII y XVIII, este colorante pasó de las manos de los tintoreros a las de los artistas.

La cochinilla alcanzó la inmortalidad en obras de destacados pintores como el italiano Tintoretto (en “La deposición de Cristo”, por ejemplo), el español Diego Velázquez (en su retrato del arzobispo Fernando de Valdés) y Anton van Dyck, quienes no pudieron resistir la intensidad del color que lograban con ella.

Con el rojo, vestían a figuras tan importantes como la Virgen María, Jesús, altos mandos de la Iglesia o personajes que ostentaban el poder civil.

Pero a mediados del siglo XIX, la aparición de pinturas sintéticas más baratas hizo que la cochinilla casi desapareciera por completo del mundo artístico.

Este pigmento siguió “vivo” un poco más gracias a los impresionistas como Eugene Delacroix, Édouard Manet y Claude Monet que lo utilizaron en paisajes y retratos costumbristas.

El uso de la cochinilla en el arte se puede rastrear hasta el año 1888. “El dormitorio en Arlés”, una de las obras más famosas de Vincent Van Gogh, es considerado uno de los últimos grandes cuadros en los que se utilizó.

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Hoy en día, se usa en objetos de artesanía en los estados mexicanos de Querétaro, Guanajuato, Oaxaca y Morelos y se produce con técnicas similares a las utilizadas por los aztecas y durante la colonia

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