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El trágico caso del chico que quedó cuadripléjico por comerse una babosa

"Su vida cambió para siempre y también la mía. El impacto es enorme", comentó la madre. 

por Redacción Rumbos | twitter @RumbosDigital | Marzo 9, 2018

Se trata de un joven llamado Sam Ballard, quien en el 2010 tenía 19 años y era jugador de Rugby en Sidney, Australia. Llevaba una vida normal hasta que un amigo le jugó una apuesta que cambiaría su vida para siempre. 

Estaban reunidos los chicos del club, tomando vino y divirtiéndose, hasta que apareció una babosa en el suelo, y sin pensar en el destino, uno de los compañeros le dijo en forma de reto: “a que no te la comés”.

Sam rugbier

Fue entonces cuando Sam, no tuvo mejor idea que cumplir con la propuesta y se comió la babosa. 

Luego del acto, el joven se levantó la mesa para buscar una bebida a la heladera, y repentinamente se empezó a sentir mal. Los amigos lo llevaron al hospital Royal North Shore, donde le diagnosticaron que se había infectado con un parásito conocido como Angiostrongylus cantonensis, provocándole un coma por más de un año completo. 

La mayoría de los que padecen esta infección no tiene síntomas y mucho menos una afección cerebral, pero a Sam le causó una meningoencefalitis eosinofílica y quedó en coma durante más de un año, confirmó Fox News.

Sin embargo y para la felicidad de su familia y amigos, el chico despertó luego de 420 días, pero aquella aventura de una noche de diversión con amigos, tuvo consecuencias, y muy grandes para la vida del joven. 

Sam quedó tetrapléjico (o cuadripléjico), y necesitaba de una persona que lo cuidara constantemente, dado que el signo clínico le produjo un parálisis total de brazos y piernas.  

Katie Ballard, su madre, se mantuvo esperanzada durante mucho tiempo, soñaba con que su hijo recupere el habla y pueda volver a caminar, pero el joven pudo avanzar muy poco.

 Luego de tres años logró salir del hospital, en no muy buenas condiciones, ya que estaba en silla de ruedas y desde entonces sufre convulsiones y no puede controlar la temperatura de su cuerpo. Además, tiene que ser alimentado por un tubo.

Sam rugbier

​Desde entonces, su familia y amigos vienen peleando para conseguir el dinero necesario para solventar los altos gastos del tratamiento y para que el gobierno de Australia no le retire el subsidio que recibe. 

Con dolor, Katie reconoció que su hijo “está devastado, cambió su vida para siempre y también cambió mi vida para siempre. Es enorme. El impacto es enorme”.

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