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Revolución del Bitcoin: Historia y métodos actuales para canjear

Nació en 2009 y agitó las aguas en el mundo financiero. Un repaso por los orígenes, las aplicaciones y el futuro de la tecnología que le dio vida a la primera moneda virtual.

por Mariana Valle-Riestra | twitter @maruvari | Marzo 11, 2018

En septiembre de 2008 se desató el infierno en Wall Street. Colapsó la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos, cayó el poderoso banco Lehman Brothers y así, por efecto dominó, empezó una de las crisis financieras mundiales más agudas de la historia.

En 2009, en medio de este clima turbulento, nació Bitcoin.

“Es notable que la idea de esta moneda se lanzara solo unas semanas después de que casi colapsara todo el sistema”, dice Nathaniel Popper, periodista del New York Times, en el documental Banking on bitcoin (2017), que analiza los orígenes y el futuro de esta divisa digital.

“La crisis demostró que el sistema tenía grandes defectos, y la gente deseaba algún tipo de alternativa”, señala. Creado por un grupo anónimo de personas congregadas bajo el seudónimo de Satoshi Nakamoto, Bitcoin es un sistema electrónico que facilita el intercambio de dinero de persona a persona, sin intermediarios.  Eso sí, nunca tendrás bitcoins en tus bolsillos.

Al tratarse una moneda virtual, todos sus datos están alojados en una gigantesca red de computadoras. “Bitcoin es un sistema contable, un modo de registrar transacciones y valor de manera digital. Tú y yo podemos enviarnos dinero directamente y todo queda registrado en un libro digital abierto”, explica Paul Vigna, periodista del Wall Street Journal, en el documental.

Lo interesante de Bitcoin es que se puede usar en todo el mundo y ningún gobierno o institución financiera lo respalda ni lo regula. Lejos de generar desconfianza, los entusiastas de la divisa virtual ven en esta independencia una garantía.

“Al tratarse de un sistema colectivo consensuado, descartás la necesidad de que alguien en el medio –leáse, bancos o gobiernos– tenga que ser el depósito de toda la información. Eso es lo que nos evita los honorarios, las incompetencias y la posible corrupción, además del riesgo que implica el hecho de centralizar información de este modo”, afirma Michael Casey, columnista del Wall Street Journal.

Se agranda la familia 

Bitcoin nació con un valor casi nulo, pero creció rápidamente y hoy cotiza en el mercado como si fuera una gran petrolera. Usado principalmente para la transferencia directa y gratuita de dinero entre particulares –adiós a las tarjetas de crédito, a los bancos, adiós a Western Union y a Paypal– o como medio de ahorro o inversión, va ganando cada vez más terreno en el mundo.

¿Y cómo se consiguen los bitcoins? La forma más sencilla de hacerlo es comprarlos directamente en los Exchange o páginas web de cambio de bitcoins. Otra es vender algún bien o servicio y aceptar el pago con esta moneda electrónica.

Y la manera más compleja de hacerse con bitcoins es convertirse en un “minero”, que es como se llama a los encargados de conservar la seguridad de la red Bitcoin a cambio de una retribución en bitcoins. El negocio, sin embargo, implica una gran inversión.

Hace poco, el heredero de Chocoarroz, Emiliano Grodzki, vendió todos sus negocios para comprar cuatro gigantescas granjas de minado, que es como se conoce a los edificios llenos de costosos procesadores destinados a obtener divisas virtuales. Pero pese al creciente interés que suscita Bitcoin, puede que haya empezado a ser noticia vieja.

En la actualidad, la capitalización de mercado de las criptomonedas es de 700 mil millones de dólares. De este valor, Bitcoin y Ethereum contabilizan el 50%. Sin embargo, desde el nacimiento de Bitcoin, han aparecido más de 1.500 nuevas monedas virtuales que amenzan con revolucionar para siempre el sistema financiero hasta convertirlo en una “criptoeconomía”.

Bloque sobre bloque Lo que tienen en común las nuevas criptomonedas es que todas emplean la tecnología blockchain (“cadena de bloques”) en que se basa Bitcoin. De hecho, puede que uno de los mayores méritos del boom de las divisas electrónicas sea haber popularizado el uso de este protocolo más allá de sus aplicaciones económicas.

Toda cadena de bloques es una base de datos segura a la que solo una red de confianza de usuarios tiene acceso. Sus propios miembros son los encargados de monitorear y validar las transacciones que se realizan, lo cual los blinda contra fraudes.

Así, son muchas las iniciativas colectivas que se benefician de esta tecnología. Lunyr, por ejemplo, es una versión blockchain de Wikipedia, en la que los usuarios aportan contenido y, de ser validados por el resto de usuarios, se los compensa en luns. En Decent, otra blockchain, se intercambian libros, música y series a cambio de moneda decent. Las posibilidades son infinitas. •

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