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Historias de vida

Su menstruación le causaba pensamientos suicidas y tuvo que someterse a una histerectomía

En 2016, tras años de sufrimiento, Lucie decidió operarse y gracias a eso cambió por completo su vida.

por Esperanza González | Marzo 14, 2018

¿Qué tan duro puede ser para una mujer indisponerse? El caso de Lucie deja a la vista que para algunas mujeres el período puede ser la causa de serios trastornos físicos y mentales, y que un diagnóstico errado podría ocasionar que esa situación se agrave aún más con el paso del tiempo.

Desde que se indispuso por primera vez a los 13 años, Lucie, una joven originaria de la ciudad inglesa de Devon, comenzó a padecer serios problemas y su vida se transformó en un continuo derrotero médico que incluyó grandes dosis de medicación, diagnósticos equivocados, internaciones, crisis, depresión, pensamientos suicidas y pequeños períodos de bienestar en los que se esperanzaba con su sanación y pronta recuperación.

Dolores menstruales

Este padecimiento que sufrió durante 15 años llegó a su fin en diciembre de 2016 cuando se sometió, con sólo 28 años, a una histerectomía, es decir, la extirpación del útero y los ovarios.

¿Cómo llegó a tomar esta decisión? Para responder a esta pregunta es necesario hacer un recorrido por la historia de Lucie desde el momento en que tuvo su primer período, previo al cual había sido una niña tranquila, feliz y despreocupada.

A partir de su primera menstruación, Lucie comenzó a sufrir depresión severa, ansiedad y ataques de pánico e incluso llegó a autolesionarse.

Por eso, a los 14 años dejó de ir a la escuela y fue internada en una unidad de salud mental para adolescentes.

A los 16 quedó embarazada de su primer hijo, Toby, y las cosas cambiaron drásticamente: “A los pocos meses de estar embarazada dejé el hospital. Mis síntomas simplemente desaparecieron. Estaba feliz. Me sentía mentalmente muy, muy bien, lo cual era una sorpresa”, contó Lucie durante la entrevista que le brindó a la periodista Natasha Lipman de la BBC.

Sin embargo, cuando terminó el periodo de lactancia y sus períodos menstruales regresaron, también volvieron sus síntomas que continuaron empeorando hasta hacerse insoportables.

Dolores menstruales

A los 23 años, Lucie volvió a quedar embarazada y tuvo a su hija, Bella. Durante ese período volvió a sentirse mentalmente bien, pero después del nacimiento de la beba, tal como le había pasado con Toby, los síntomas que padecía desde los 13 años, empeoraron. Algunos eran físicos: dolores articulares y musculares, hipersensibilidad a sonidos, olores y al tacto, y fatiga extrema. Otros eran pensamientos invasivos, comportamiento irracional, olvido y sentimientos abrumadores de desesperanza.

Lo llamativo es que todo esto ocurría a intervalos mensuales.

Así fue que un día su esposo Martin, habló repentinamente de cómo debía mantenerse callado antes del período de ella para no molestarla. En ese momento, Lucie comenzó a analizar la conexión entre su menstruación y los síntomas y a preguntarse si sus hormonas podían ser la causa de sus problemas.

Lucie, quien venía tomando antidepresivos, ansiolíticos y pastillas para dormir desde hacía años y que había sido diagnosticada con depresión y depresión posparto, sentía que su diagnóstico era errado: “Yo decía: ‘No estoy deprimida… es otra cosa la que me está pasando’. Sentía que estaba perdiendo la razón por completo”, recuerda.

Finalmente, después de hacer nuevas y numerosas consultas médicos recibió su diagnóstico: trastorno disfórico premenstrual (TDPM) o una forma grave de síndrome premenstrual (SPM), un padecimiento que afecta entre 5 y el 10% de las mujeres que menstrúan y a menudo se desencadena por fluctuaciones en los niveles hormonales.

Después de ese diagnóstico, Lucie debió someterse a distintos tratamientos: anticonceptivos, nuevos antidepresivos e inyecciones mensuales para detener la producción de estrógeno y provocar que su cuerpo entrara en una menopausia temporal.

Si bien recuerda que fue muy difícil soportar los síntomas que desencadenaron estas inyecciones durante las dos primeras semanas, luego comenzó a sentirse realmente bien por primera vez en más de una década.

“De repente, todo cambió… todos mis síntomas desaparecieron”, dice. “No me di cuenta de lo mal que estaba hasta que estuve bien”.

En sólo dos meses, Lucie pudo dejar toda la medicación que venía tomado desde la adolescencia y a los cinco meses de comenzar a aplicarse las inyecciones su médico le dio una nueva idea: practicarse una histerectomía.

Hasta ese momento ella había estado segura de que quería otro tener otro hijo, pero ahí empezó a vacilar. “Quedarme embarazada significaba dejar las inyecciones, dejar que mis períodos regresaran y todo lo que implicaba, y eso era simplemente imposible”, relata y agrega: “Iba a estar suicida de nuevo, haciendo cosas ridículamente riesgosas. Tuve miedo”.

Entonces se sentaron con su marido a analizar las opciones y decidieron avanzar con la histerectomía: “No había forma de que pudiera sobrevivir de nuevo, ya sabiendo cómo debía ser la vida, lo que era normal”, recuerda. “Martin había visto el cambio en mí y en nuestras vidas. Era mucho mejor”.

En diciembre de 2016 Lucie se sometió a una histerectomía y durante el primer año después de la operación, a pesar de las migrañas ocasionales, pudo hacer más cosas que en los 10 años anteriores.

Además, pudo terminar sus estudios y empezar a trabajar como asistente de docencia. Hoy vive con su marido y sus dos hijos, y siente que son una familia mucho más feliz que la que eran antes de su operación.

“¿Así es como son todas las personas todo el tiempo? No saben lo afortunados que son”, reconoce y concluye con una sonrisa: “Es algo que nunca daré por sentado”.

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