Ciencia
Al infinito y más allá

Una entrevista con Chris Hadfield, el astronauta más rockero de todos

Esta es la historia del canadiense que exhibió cómo era su vida allá en el espacio exterior.

por Víctor Laurencena | twitter @vlaurencena | Marzo 17, 2018

Un astronauta es alguien que está preparado para todo, o casi todo. Eso aprendió el coronel Chris Hadfield en el año 2001, cuando estaba a punto de convertirse en el primer canadiense en realizar una caminata espacial.

“Era un momento con el que había soñado y para el que había trabajado casi toda mi vida –cuenta Chris y luego se sincera–: Sin embargo, suspendido en el filo de lo sublime, me enfrenté a un dilema un tanto ridículo: ¿cómo hacía para salir?”.

Salir significaba zambullirse al peligroso espacio exterior dentro de un traje de 10 millones de dólares, sujeto a la Estación Espacial Internacional (EEI), la cual gira alrededor de la Tierra a 28.000 kilómetros por hora y a 400 kilómetros de altura. Pero salir también significaba pasar por una pequeña escotilla circular, y Chris, con todas las herramientas sujetas con correas al pecho, con las enormes bombas de oxígeno y con varios dispositivos electrónicos atados a la espalda, era cuadrado.

Una odisea espacial

Chris Hadfield debe ser el astronauta vivo más conocido. Saltó a la fama gracias a la ayuda de su hijo Evan, quien le sugirió que aprovechara su última misión espacial (una estadía de cinco meses en la EEI) para que por primera vez alguien dejara de “contarle” a la gente lo que significa estar en el espacio y comenzara a “mostrárselo”.

¿Qué comen los astronautas? ¿Cómo se cepillan los dientes? ¿En dónde duermen? ¿Es verdad que tienen un purificador que transforma el pis y la transpiración en agua potable? Sin gravedad, hacer las cosas más simples es difícil pero a la vez puede ser divertido. Por mostrarle esto al mundo, Chris ha cosechado millones de seguidores en Twitter.

Pero su obra maestra es, sin dudas, haber combinado sus dos pasiones: la música y el espacio. El grabó un cover del tema “Space Oddity” de David Bowie mientras estaba a bordo de la EEI y en apenas tres días su videoclip alcanzó los 10 millones de reproducciones en YouTube.

Pero esta historia comienza, como la de muchos astronautas y los miles de candidatos que quedaron en el camino, el 20 de julio de 1969. Chris era un niño de nueve años que vivía en una zona rural de Canadá, cuando vio por televisión cómo Neil Armstrong bajaba por la pata de una nave espacial y con cuidado se paraba sobre la superficie de la Luna. Ese día decidió que quería ser astronauta y dedicó el resto de su vida a hacer todo lo posible para lograrlo.

De ser piloto de pruebas en la Fuerza Aérea Canadiense pasó a ser ingeniero militar, luego piloto de pruebas y recién en 1995 Chris haría el primero de sus viajes espaciales, en una misión para llevar provisiones a la estación espacial rusa Mir. Hoy, luego de dos viajes más y pese a estar retirado, pareciera no tener mucho descanso. A la hora acordada, ni un minuto antes ni uno después, Chris llamó a la redacción de Rumbos.

Hola Chris, ¿estás en la Tierra ahora?

[Se ríe] Sí, estoy en Toronto.

¿De vacaciones?

Ya quisiera, pero estoy trabajando mucho. Estoy escribiendo mi tercer libro, dando muchas conferencias. Soy profesor en la Universidad de Waterloo y miembro del Consejo Asesor Espacial canadiense. Estamos produciendo un disco musical que grabé en el espacio y varios documentales.

Roger, tu padre, es piloto. ¿Tuvo algo que ver en tu decisión de ser astronauta?

Mis dos hermanos son pilotos también, así que era algo común en mi familia. Soy piloto desde los 14 años, cuando aprendí a volar planeadores.

¿Y qué aprendiste de él?

Creo que me enseñó a ser curioso y también que tus decisiones te convierten en quién eres, así que tienes que tomar buenas decisiones.

Decisiones de vida o muerte

Los problemas que pueden ocurrir en el espacio son tantos y tan complejos, que en el mundo de los astronautas existe un dicho muy popular: “No hay problema que sea tan malo, que no lo puedas empeorar”.

¿Cuántas cosas pueden salir mal en una nave espacial?

Es un número ilimitado, es la máquina más compleja que jamás se haya construido. Tenemos quinientos interruptores sólo en la cabina de control y casi cualquier combinación errónea puede ser fatal. Llevamos cincuenta kilos de papel sólo con los procedimientos de emergencia. Son miles y miles de cosas para las que tenés que estar preparado y, si hacemos algo mal, las cosas se pondrán peor.

¿Sentiste miedo alguna vez?

Intenté que no. Para mí, tener miedo significa que no te preparaste correctamente y nadie quiere a un astronauta que no está bien preparado. Pero creo que de la misma forma en que te preparás para ser astronauta, te podés preparar en la vida. Siempre hay un poco de tiempo muerto cada día, en el que no hacemos nada y que podemos usar para planificar. Pensar en lo que puede pasar, visualizar lo que probablemente falle y tratar de descifrar qué podés hacer. Para que entonces cuando pase, no te tome por sorpresa. Va a haber situaciones que sucedan sin aviso, pero en la mayoría de los casos hay tiempo.

Una entrevista con Chris Hadfield, el astronauta más rockero de todos

¿Ese es uno de los mensajes que das en tu libro?

En una guía de un astronauta para vivir en la Tierra, absolutamente. Me han dicho que no es una biografía: por supuesto que no es una biografía como tampoco es un libro de cocina francesa. No se supone que sea una biografía; es una guía porque creo que algunas de las cosas que tenemos que aprender para volar naves espaciales pueden servir para todos.

¿Como cuáles?

Por ejemplo, aprender a distinguir entre el peligro y el miedo. O reconocer que uno puede perseguir algo que nunca va a suceder y que aun así se puede ser feliz. Creo que es importante darse cuenta de que hay momentos en la vida que son muy memorables, en los que vas a estar en la cresta de la ola, pero que esos momentos son muy cortos. Esos momentos no son tu vida. Tu vida es todo lo que pasa en el medio.

¿Cuál es la mejor cualidad que debe tener un astronauta?

Ser paciente. Claro que uno no quiere ser paciente sin ningún propósito. Debés tener algo que te oriente hacia dónde querés ir. Pero también tenés que reconocer que no va a suceder de inmediato y que tu habilidad para encontrar diferentes formas de llegar allí, probablemente hagan el camino más feliz y placentero.

Es una profesión en la que todo el tiempo estás bajo la lupa de cientos de personas, ¿cómo hacés para lidiar con los críticos?

Ser crítico es el trabajo más fácil del mundo: no tenés que saber nada y podés criticar todo sin hacer nada nunca. Hay críticos en el mundo, ¿y qué? Estoy realmente más interesado en hacer algo y en concentrarme en lo que realmente importa y trabajar por ello. Siempre va a haber críticos, ¿pero qué es lo más grandioso que un crítico logró? Simplemente no dejo que me afecten. Los escucho, sí, porque tal vez digan algo valioso sobre algo que estoy haciendo mal; pero no dejo que su falta de logros me preocupe.

¿Los astronautas son egocéntricos?

Bueno, no querrías ir a una misión de cinco meses con alguien que tenga un gran ego. Porque esas personas necesitan de otros que les digan lo grandes que son y tienen una visión distorsionada de los demás. Definitivamente algunos astronautas han tenido grandes egos, en especial durante los primeros años del Programa Espacial, cuando el enfoque era más individual. Pero explorar el espacio arriba de la EEI es un lugar mucho mejor para alguien humilde, paciente y que entiende que el Programa es más importante que él.

Siempre creí que los astronautas eran una raza de superhéroes, pero en tu libro pareciera que son personas comunes con vidas extraordinarias, ¿es así?

Sí. Quiero decir que hay muy pocas personas a quienes se les confía para ser astronauta y el trabajo es extremadamente difícil, muy peligroso y tiene consecuencias muy importantes. Si hacemos algo mal, eso puede costar cientos de billones de dólares. ¿Y cómo seleccionás a las personas para ese nivel de exigencia? Primero, tiene que ser alguien que se comprometa con el Programa como mínimo por los próximos veinte años. Y debe ser alguien que haya probado que tiene las habilidades necesarias. No un superhéroe, sólo alguien talentoso, un diamante en bruto con la determinación para lograrlo. Simplemente somos un grupo de personas donde nadie es perfecto, pero sí, definitivamente con vidas extraordinarias.

¿Entonces no tienen superpoderes?

[Se ríe] Sí que tenemos: en la ingravidez podemos volar y flotar. Se siente como un superpoder y a cualquiera le gustaría volar como Superman. Pero los astronautas saben mejor que nadie que es un superpoder temporal.

Durante tu última misión, estuviste cinco meses comandando la EEI. ¿Qué fue lo más difícil?

Recordar todo. Es tan grande y tiene tantos módulos diferenciados que es posible pasar todo un día sin ver a otro tripulante. Suena horrible, pero es la máquina más complicada jamás construida y es un grupo muy pequeño de personas el que tiene que hacerla funcionar y la mayor parte del tiempo no hay nadie a quién preguntarle qué hacer. Hacemos doscientos experimentos simultáneos a bordo y además tenés que cuidar a los compañeros.

¿Qué pensás mientras estás flotando en el espacio haciendo una actividad fuera de la nave?

Mayormente en el trabajo. Estás afuera para arreglar la EEI o hacer algún experimento, y eso requiere toda tu atención. Pero también estás abrumado por la belleza del lugar en el que estás, entre la Tierra y el Universo. No viendo todo desde la Tierra, sino lejos de la Tierra, dentro del universo mismo. Entonces, pensás en la escena magnífica que estás viendo y en el privilegio que tenés porque te permitieron ver eso en nombre de tanta gente. Pero mayormente estás pensando en hacer el trabajo bien, porque sólo tendrás una oportunidad, el lugar es extremadamente peligroso y las consecuencias pueden ser realmente graves.

En el video de “Space Oddity” transmitís cierta soledad y melancolía, ¿así es como te sentiste allá arriba?

Bueno, ese es un poco el espíritu de la canción. En la EEI te sentís separado, pero no solo. Hay una diferencia. Sabés que hay una separación física pero a la vez podés mirar por la ventana y ver a todos, y nos podemos comunicar por teléfono (con dos minutos de demora) y correo electrónico. La soledad, en cambio, es más psicológica que geográfica.

¿Y entonces qué sentiste allá?

La EEI te hace reflexionar. Hace que te des cuenta de la naturaleza finita de la Tierra y de la vida, y del hecho de que recién estamos empezando a verlo con su verdadera perspectiva. No te pone melancólico o triste, te hace reflexionar sobre el lugar en el que estamos en la Historia y cómo nos tratamos entre nosotros en la Tierra, sobre las cosas buenas que pasan y las terribles también. Simplemente pone todo en su justa perspectiva… Creo que si ese lugar no te hace pensar, te estás perdiendo de todo. Pero el sentimiento fundamental a bordo de una nave espacial es de alegría, de privilegio, disfrute y maravilla.

Astronauta cuadrado, agujero redondo

Bastante lejos de hacerlo como lo había imaginado, con elegancia y con el tema de Carrozas de fuego sonando de fondo, para poder salir a realizar su primera caminata espacial Chris debió menearse con torpeza y paciencia, más concentrado en no enganchar el costoso traje ni enredarse con nada, que en admirar el paisaje increíble y único que se desplegaba ante sus ojos. “De hecho –nos cuenta–, creo que esa bien podría ser la historia de mi vida: resolver cómo llegar a donde quiero ir cuando el mero hecho de pasar por la puerta ya parece imposible”. Y de pronto, se dio cuenta de que ya estaba afuera, él solo en el Universo.

¿Creés en Dios?

Prefiero no contestar esa pregunta. Me di cuenta de que la razón por la cual la gente me hace esta pregunta con frecuencia, es para ver si coincido con ellos o no. Y creo que eso es muy limitante, muy excluyente. Creo que todos deberían ver el mundo como lo ve un astronauta. Creo que deberíamos ver que estamos todos juntos en esto. Creo que deberíamos ver qué tan increíblemente rara y preciosa es la Tierra y que tan improbable es su existencia. Y también creo que todos deberían tener algo en lo que creer cuando las cosas van mal o realmente bien. Necesitamos una base desde dónde pararnos. Pero preferiría que la gente sea honesta consigo misma a que decida si creen lo mismo que yo o no. Prefiero dejar la fe como algo personal; pero sí reconocer que lo que realmente importa es lo que uno hace en la vida y que esa es la expresión de nuestra fe.

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