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Futuro

¿Algún día nos iremos de vacaciones en la Luna?

El sueño de viajar como turista al espacio, y hasta de hospedarse en un hotel lunar, está cada vez más cerca de cumplirse.

Marzo 25, 2018

“Al infinito y más allá”, decía Buzz Lightyear, el astronauta de Toy Story, y no son pocos los que intentan que esa escena se concrete.

La industria del turismo espacial acapara desde hace unos años varios miles de millones de dólares de inversión, liderada por empresarios multimillonarios como Jeff Bezos, CEO de Amazon; Elon Musk, cofundador de PayPal y CEO de Tesla Motors; y Richard Branson, fundador del Grupo Virgin.

A ellos se suma Robert Bigelow, el magnate hotelero estadounidense y colaborador cercano de la NASA que fundó Bigelow Aerospace y que promete un gran desarrollo comercial nada menos que en la Luna.

De hecho, si usted está leyendo estas líneas, ya puede ir programando unas vacaciones lunares…

El primer paso de esa conquista espacial, que ya tiene luz verde, es el envío a fines de 2021 del módulo expandible B330 que servirá como depósito.

“Nuestro plan de depósito lunar proporcionaría el anclaje para un desarrollo comercial importante de la Luna, además de ofrecer a la NASA y otros gobiernos la Luna como un nuevo y emocionante lugar para realizar exploraciones y entrenamiento de astronautas. Además, sería un fuerte complemento de otros planes destinados a poner finalmente humanos en Marte”, afirmó hace poco Bigelow, cuyos planes parecen no tener fin.

De hecho, uno de los objetivos a mediano o largo plazo es que el proyecto se convierta en el primer hotel lunar.

La posible expansión hotelera constaría de una serie de estructuras inflables en la que los turistas orbitarían la superficie lunar. La idea es que esos ambientes tengan habitaciones para turistas o astronautas, sectores de higiene personal, galerías, salas de entretenimiento, áreas comunes y hasta equipamiento de fitness.

Una nueva carrera espacial

La ambición de volver a la Luna podría estar ahora más cerca que nunca y abriría la puerta a “ir más allá”. Los habitáculos inflables de Bigelow Aerospace han demostrado ser viables, versátiles y asequibles. Proporcionarían, asimismo, una base permanente en órbita.

Estados Unidos, sin embargo, no es el único en soñar con el espacio: China lanzó hace diez años su primer orbitador lunar y se prevé que, en menos de una década, concrete una misión tripulada a la Luna.

La Agencia Espacial Europea (ESA) también colabora con ese proyecto y compartiría esfuerzos con el gigante asiático en la construcción de una base lunar.

Rusia es otro de los jugadores espaciales. Deep Space Gateway es la estación orbital lunar que la agencia rusa Roskosmos y la NASA pretenden construir entre 2024 y 2026. Varios países europeos –e incluso Japón- también participarían de ese plan, como lo hicieron en la Estación Espacial Internacional (ISS).

Y como se trata de una carrera por ver quién llega antes y quién llega más lejos, este año la empresa espacial privada SpaceX, de Elon Musk, anunció que llevará a dos personas en un viaje alrededor de la Luna a finales de 2018.

Aunque la misión no alunizaría, Musk aseguró que los dos turistas (que ya pagaron un “depósito significativo” por su viaje) “viajarán más rápido y más lejos en el sistema solar que cualquiera antes que ellos”. A su vez, SpaceX, fundada en 2002 y con una estrecha relación con la NASA, tiene como objetivo principal conquistar Marte en 2018, con una nave no tripulada llamada Red Dragon.

También Robert Bigelow está convencido de que son los viajes privados los que marcarán el rumbo de una industria con costos siderales: “Las decisiones tomadas en los próximos años pueden dar forma al resto de los vuelos espaciales humanos en las próximas décadas. La sostenibilidad es la clave de esta transición. Por lo tanto, la comercialización de la órbita terrestre baja (LEO, por sus siglas en inglés) y la exploración del espacio profundo deben estar alineados”, afirma el empresario.

Cuestión de monedas

El costo de los viajes, la seguridad y el valor de los pasajes siguen siendo el gran desafío de la industria del turismo espacial. Lo cierto es que lo que hasta hace unos años tenía un precio de 100 millones de dólares (orbitar la Luna, por ejemplo), hoy cuesta unos 35 millones de dólares por persona. Y para acceder a una suerte de “clase Turista”, habrá que desembolsar unos 250.000 dólares por un pasaje con la empresa Virgin Galactic. A no desesperar: hay quienes auguran una tarifa promocional de 50.000 dólares a mediano plazo.

En tanto, la nave VSS Unity de Virgin Galactic, diseñada para transportar 6 pasajeros, ya realiza vuelos de prueba suborbitales y se espera que comience a funcionar con turistas (más de 700 personas ya reservaron lugar) a fines de 2018.

A su vez, el Fondo de Inversión Pública de Arabia Saudita acaba de anunciar una inversión de 1.000 millones de dólares en las operaciones espaciales de la empresa de Richard Branson. Desde Virgin Galactic indicaron que eso acelerará sus planes de viajes espaciales tripulados y el desarrollo de servicios como el vuelo supersónico comercial. A bordo de naves que vuelan a más del doble que la velocidad del sonido, este último permitiría, por ejemplo, volar de Nueva York a Londres en menos de tres horas.

Otro que busca captar la atención de turistas adinerados es Jeff Bezos, fundador de Amazon y de la empresa aeroespacial Blue Origin: “Tenemos que ir al espacio para salvar la Tierra”, dice el hombre que actualmente es el más rico del planeta.

El magnate considera que hay que construir un asentamiento permanente en uno de los polos de la Luna y agrega que lo que impide el siguiente paso es que los viajes espaciales son demasiado costosos.

Pero para Bezos eso no parece un obstáculo. De hecho, en los últimos tres años, vendió 4.000 millones de dólares de acciones de Amazon y utilizó la mayor parte de ese dinero para respaldar a su compañía espacial.

En 2015, Blue Origin logró ser la primera empresa en lanzar cohetes al espacio y hacerlos aterrizar a su regreso, para poder reutilizarlos. La compañía también provee servicios a la NASA, que la financió en varias oportunidades.

Los protagonistas ocupan sus lugares y los destinos esperan, más allá, en el espacio.

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