Tecno
Tiempos modernos

Redes sociales: ¿Alguien sabe dónde quedó mi privacidad?

Las usamos para exhibirnos, y ellas, a su vez, nos usan para hacer buenos negocios. En el medio quedan nuestras fotos y miles de datos íntimos que, hasta no hace tanto, preservábamos del mundo.

por Leila Sucari | twitter @LeilaSucari | Abril 2, 2018

En tiempos de smartphones y redes sociales, si lo que hacemos y sentimos no se exhibe, pareciera que no sucede.

En vez de utilizar la tecnología como herramienta, la transformamos en un mensaje en sí mismo: no posteamos una foto porque vivimos, sino que vivimos para postear.

O dicho de otro modo: en vez de cocinar para agasajar a un ser querido, nos tomamos el tiempo de preparar un tentador plato con el objetivo de compartirlo en las redes y formar parte de la movida del Food Porn.

Mostrar, publicar y obtener likes a costa de perder lo que alguna vez fue parte de la intimidad.

“Mi pareja se queja de que estoy muy pendiente del celular”, dice Carolina, community manager de 26 años. “Soy muy activa en las redes sociales, tanto en el trabajo como a nivel personal. Me gusta mantener mis estados y perfiles actualizados, así que voy subiendo fotos y contando lo que hago. Si no posteo un día, pierdo seguidores y me pasan por arriba. Además, tengo que ser original y estar al tanto de las tendencias. Todo cambia muy rápido; y no solo se trata de postear, sino también de estar atenta a las actividades de mis seguidores. Es un círculo vicioso que se retroalimenta”.

Todos somos parte de este juego en el que hay que exhibirse tanto como ser un auténtico voyerista: consumimos la vida de los otros al mismo tiempo que nos rasgamos la piel para mostrar qué opinamos nosotros. “El Gran Hermano se ha incorporado a nuestras vidas y procesos mentales. Nos graban electrónicamente en dispositivos que pocos comprendemos”, dice Gerald Foos, el protagonista del último libro de Gay Talese, El motel del voyeur.

“Las vidas privadas se exponen casi a diario en los medios de comunicación. Ellos son los mirones de la actualidad; y el mayor mirón es el gobierno, que controla nuestras vidas a través del uso de cámaras de seguridad, internet, nuestras tarjetas de crédito, cuentas bancarias y celulares, la información del GPS, escuchas telefónicas y todo lo demás”.

La intimidad es cosa del pasado. ¿Dónde estamos solos? ¿Qué lugar permanece virgen de la mirada de los otros? ¿Acaso lo único que nos pertenece es el inconsciente, ese no-lugar misterioso que habitamos en la noche y del que no podemos escapar ni logramos fotografiar?

“Lo virtual crea modalidades de lazos, nos arrastra hacia una subjetividad más asociada al narcisismo del soliloquio que al intercambio del diálogo, que no es ninguna panacea, ya que el encuentro genuino tiene complicaciones”, dice Adriana Martínez, psicoanalista y coordinadora asistencial de Fundación Tiempo. “Habría que preguntarse si el muro de Facebook de alguien es un espacio público o privado: hay un dueño de casa, invitación, solicitud y aceptación o rechazo de amistad. El propietario de la biografía se reserva el derecho de admisión, sin discusión posible. Y, sin embargo, con mayor o menor apertura, se postean cosas para ese público cuya respuesta es impredecible. La línea editorial pareciera ser la del entendimiento constante y la intimidad compartida. Cuando algo no nos gusta, las opciones de eliminado y bloqueo, imposibles en la vida real, ponen fin a la confrontación virtual o castigan a aquellos de la vida real a quienes queremos dejar afuera”.

Quiéranme (todos) mucho

Los millennials, también apodados “generación del yo”, manejan los smartphones y las notebooks como si fueran extensiones de su cuerpo. Cada uno se construye una identidad a imagen y semejanza de su deseo. No importa si las fotos y pensamientos que postean son o no reales: la clave es que sean compartidos para saciar el deseo voraz de ser aceptado. De esta manera, abundan las selfies y se borran los límites entre lo íntimo y lo público, transformando a la persona en un personaje. “Estamos atrapados en una competencia malsana, una red absurda de comparaciones con los demás. No prestamos atención a lo que nos hace sentir bien porque estamos obsesionados midiendo si tenemos más o menos placer que el resto”, dice el filósofo Slavoj Zizek.

Hoy, ser y mostrar son sinónimos: así es como millones de usuarios de internet dejan sus datos, entregan sus fotografías más íntimas y registran cada paso que dan. ¿El resultado? Ser funcional al sistema.

“La tecnología y su aparente transparencia impiden ser plenamente conscientes de que nuestra privacidad ha sido invadida con nuestro consentimiento”, dice Juan Manuel Lucero, consultor en estrategia de marketing digital y redes sociales. “Los datos de visitas a webs, mensajes y mails son fácilmente capturados y luego vendidos; y los anunciantes mejoran así sus estrategias comerciales”.

La doctora en filosofía y letras Genara Castillo explica que detrás de este fenómeno se esconde la desvalorización de lo propio: “En el fondo se trata de un exhibicionismo que revela un desconocimiento del ser personal, que es muy valioso porque cada ser humano es único e insustituible”. Cuando el efecto está por sobre el contenido y se sobrevalora la superficie, caemos en la trampa.

Basta con mirar el capítulo de la serie Black Mirror “Caída en picada”, que narra un futuro cercano en el que el estatus social, las amistades, el acceso a la salud y la vida misma dependen de la cantidad de likes que recibís a diario. Sin embargo, aun en una época en que se hace continuo elogio al exhibicionismo, existe cierto grado de intimidad, que no es otra cosa que un acto de resistencia. Ese misterio que cada uno esconde y al que no se puede acceder con ninguna tecnología.

Cuidados en las redes sociales

Podés ser activo en las redes sin necesidad de exponerte al 100%. Evitá compartir teléfonos, direcciones y números personales. No confíes en tus amigos virtuales, porque es imposible estar seguro de quién está del otro lado. Conviene tener pocos contactos pero que sean todos conocidos. Tratá de no incluir demasiada información sobre tus gustos e intereses, y no cuentes abiertamente cuáles son tus planes para el futuro.

Dos pequeños detalles que marcaron diferencia en el casamiento de Dalma y Andrés
Artículo anterior Dos pequeños detalles que marcaron diferencia en el casamiento de Dalma y Andrés
Artículo siguiente Un nuevo desafío viral: ¿Cuántos puntos negros ves en esta imagen?
Un nuevo desafío viral: ¿Cuántos puntos negros ves en esta imagen?