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Joan Manuel Serrat: “Hemos fracasado como especie, ¿qué duda cabe?”

El Nano recibió a Rumbos antes de regresar a España; y la charla, además de sensible, se puso filosófica: la vida y las verdades absolutas, el tiempo que se escurre, la posibilidad de ser inmortales y esa zanahoria llamada ilusión.

por Javier Firpo | Abril 9, 2018

¿Trabajo y sentimientos son compatibles? La presencia de Serrat, silla frente a silla, produce nervios y admiración, una fórmula nada aconsejable cuando se entrevista a un artista a quien se quiere.

Porque Joan Manuel es uno de los cantautores más estimados en la Argentina, país al que visita desde hace cincuenta años y adonde volverá en octubre para presentar su gira “Mediterráneo Da Capo” por Mendoza, Rosario, Salta, Tucumán y Ciudad de Buenos Aires.

A pesar de que es su último día en Buenos Aires –donde vivió momentos de suma emoción, con la presentación en el Teatro Colón como punto culminante– y está muy cansado, el Nano ofrenda a Rumbos su último encuentro con la prensa, en una refinada sala del porteño Hotel Panamericano, donde se hospedó.

“Bueno, vamos a hacer lo posible para evitar las emociones y limitarnos al trabajo”, responde de arranque el catalán, mientras hojea interesado un ejemplar de Rumbos con Joaquín Sabina en la portada. Lo mira y sin decir nada expresa cuánto lo quiere.

En esta última visita fuiste destinatario de homenajes, programas especiales, afectuosos editoriales. ¿Te enorgullece, te da pudor o ya te aburre?

El bronce nunca ha sido para mí, por eso me cuesta aceptarlo. Pero también es difícil aburrirse de los mimos. Y sí, me produce pudor, porque yo no me siento un héroe.

“El poeta de las pequeñas grandes cosas”. “El autor de habla hispana con mayor coherencia”. “El cantor, trovador y agitador preferido para varias generaciones”.

(Interrumpe, le molesta.) Suenan muy lindas esas expresiones decorativas para un artículo. Pero sólo soy un cantautor que intenta mantener, por sobre todo, la coherencia, la sensatez y los sentimientos.

Se ha dicho aquí que sos más argentino que español. ¿Una partecita de tu corazón lo siente?

Algo argentino me siento. Y bastante argentino también… Echo de menos este país cuando estoy lejos.

Son muchas las gratificaciones que te ha dado el oficio. ¿Imaginaste tanto?

Jamás pensé que con mis canciones iba a recorrer el mundo, Latinoamérica, tocar en el Teatro Colón. Es imposible imaginarlo. Uno sueña pequeñas ilusiones, pero nada comparado a lo que he vivido.

¿Sos de esas personas que toman recaudos?

Sí, soy previsor, no me gusta la improvisación. Será una cuestión generacional, no sé… Si bien no sabemos qué ocurrirá mañana, soy partidario de tener un guión preestablecido, aunque después lo altere de acuerdo a las circunstancias.

¿Creés que un artista debe retirarse a cierta edad?

No me parece apropiado que la edad sea indicador de la jubilación para un artista independiente. Tengo 74 años y, como decíamos antes, siento ilusión de volver a la Argentina en unos cuantos meses y poder subir a un escenario.

¿Es más difícil subirse a un escenario ahora que hace veinte años?

Subirse a un escenario nunca fue sencillo. Quizá desde afuera se ve como un hábito, pero la cabeza es gobernada por un cúmulo de temores, especialmente cuando se tiene una cantidad de años. Antes era por la falta de experiencia, ahora por si te olvidas de la letra.

¿Hay temores relacionados a la salud?

La salud es un tema central para todos, y para un artista que se exhibe ante su público es algo capital. Soy un agradecido porque la salud me acompaña, sino no estaría hablando con Rumbos –toma la revista y vuelve a observar a Sabina–. Sino, mira a Joaquín…

Joaquín y vos han sorteado diversas eventualidades.

Joaquín es un guerrero, y yo, de alguna manera, también. Creo que somos gladiadores del escenario, no nos vamos a dejar vencer ante cualquier resfriado.

juan manuel serrat para rumbos 763

Lo tuyo fue más que un resfriado: venciste a un cáncer de vejiga.

Así es la magia del cuerpo humano. Agradezco cada día abrir los ojos, despertarme y poder llegar al baño con dignidad.

Volviendo a lo anterior, ¿seguís con ganas de pisar los escenarios?

Todavía siento que tengo cuerda y estoy en condiciones dignas para encarar un trajín como este.

Hablabas de escribir canciones y quisiera detenerme en un par que son emblemáticas. En “Sinceramente tuyo” se lee: Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio. ¿Existe una única verdad?

No, por supuesto que no. Todo puede haber cambiado desde que la escribí, hace más de 35 años. Entiendo que hay muchas verdades, y que también sólo una puede ser horrible, desesperante y destructiva. Por otra parte, si uno no muere, todo lo demás sí tiene remedio.

¿Es lo que pensás ahora?

Uno va mutando, la rigidez no conduce a nada. ¿O usted es el mismo que hace veinte años? (no tutea, pone distancia). La vida es cambio, es un camino en el que todo el tiempo van apareciendo cosas que nos invitan u obligan a modificar.

¿Te sorprende la repercusión que tuvo la frase Nunca es triste la verdad… lo que no tiene es remedio?

Eso sí, no me imaginé tamaño impacto. Debe ser una de las frases más reiteradas de mi cancionero.

¿Motivos?

Tal vez esa supuesta profundidad.

Una curiosidad: ¿Por qué dejaste de cantar “Tu nombre me sabe a hierba”?

(Arquea las cejas, como quien no encuentra explicación.) Supongo que como fue titular tantos años, alguna vez tenía que ir al banco de suplentes. Uno busca renovarse.

¿Podrías decir cuál es la canción más emotiva?

Imagino que “De cartón piedra”. Cuando la escribí, en 1970, fue una de las más conmovedoras, pero no tengo un podio de mis canciones.

Sabemos de tu amor por el Barça y de tu admiración por Messi porque nunca finge ni hace trampa. ¿Qué hay con la honestidad del artista? ¿Alguna vez Serrat fingió en el escenario?

No le puedo revelar a usted esas cosas –esboza una leve sonrisa– que forman parte de mi mundo artístico; y por más risueño que pueda sonar, no contaré nada de ese catalán que se sube al escenario. Para algunas cosas soy reservado y conservador.

Alguna vez dijiste: “Hemos fracasado un poco como especie”.

Quítele “un poco”. Hemos fracasado. ¡Qué duda cabe!

¿Mantenés esa postura?

Yo sólo vivo el hoy. De ayer a hoy el mundo no ha cambiado nada, es muy parecido. Demasiado, desgraciadamente. El hombre debería replantearse muchas cosas, pero más seriamente su relación con el planeta y puntualmente el vínculo con sus semejantes y los valores que motorizan ese vínculo.

¿Te aburre que se te consulte cual oráculo cómo ves a la Argentina?

Me sorprende que lo hagan como si yo fuera un politólogo. ¿Cómo la veo? Trato de hacerlo desde la tolerancia. Mi punto de vista personal no tiene importancia, pero procuro ponerme en los zapatos de otro que piense distinto. Intento evitar ser radical y también neutral.

¿Te dolieron los agravios que recibiste por tu postura política en torno a la independencia de Cataluña?

Lo que procuré fue no confundirme ni darle mayor importancia ante semejante confusión reinante. Sólo voy a decir eso.

¿Hoy por dónde pasan tus necesidades?

Por ganarle tiempo a un tiempo que se me escurre. Después de los sesenta, la vida corre apurada no sé por qué; y después de los setenta, ni hablar. Sé que me queda poco, o no mucho. Quiero vivir intensamente.

¿Se puede cambiar la intensidad, el ritmo de vida?

Me lo pregunto, y creo que sí.

¿Es un mérito saber cómo aprovechar el tiempo?

Es una virtud saber cómo no malgastarlo, y yo trato de evitar lo inútil, lo superfluo, para estar más cómodo conmigo.

¿Quizá ver menos partidos del Barça?

El fútbol me da mucho placer y ver a Messi me rejuvenece.

¿En qué quedó tu faceta de productor de vinos?

Han sido muchos años dedicándome a la producción de Más Perinet, pero finalmente lo hemos vendido.

A la distancia, ¿fue una incursión positiva o no tanto?

Fueron quince años de una actividad que desarrollé con ilusión, más allá de que se trata de una labor dura y complicada. Había que dedicar mucho tiempo para luego disfrutar del momento poético que pudiera tener el mundo del vino; un oficio del que aprendí mucho y del que me enamoré perdidamente y, luego, me desenamoré con fruición. Fue una incursión positiva, aunque hoy estoy aliviado de haber podido sacármela de encima y saborear un malbec sin pensar en nada.

Como escritor, ¿pensás más en la muerte o en la inmortalidad?

En ambas. La inmortalidad es más agradable para escribir porque es una ficción que, por instantes, siento posible. Pero se escabulle a los pocos minutos. La muerte nos rodea, está palpable, la siento, no la quiero nada, pero sé que sucederá.

Además de una agenda recargada de recitales, ¿qué ves a futuro?

Soy un contador de historias de ficción, pero hasta el día de mañana quiero y elijo vivir en la realidad.

Ahí es cuando aparece un “De vez en cuando la vida”…

Claro, el “de vez en cuando la vida” aparece constantemente, siempre nos toca la puerta la magia y también el carrito con las calabazas. La vida lo es todo y es despertarnos sin saber qué pasa.

¿Creés en la felicidad, Joan?

Sí, en dosis muy racionalizadas. Sentirse a gusto con uno es la muestra más sencilla de felicidad. También lo es tomarse una copa con un amigo, acariciar la mano de un ser querido. Tampoco hace falta que la felicidad te deshaga de placer para sentir que existe. Los buenos momentos que podemos disfrutar terminan de explicar qué mierda estamos haciendo en este planeta.

¿Qué pensás que hay del otro lado de la vida?

No lo sé, mi conocimiento es limitado y mi ignorancia supina. Pero más allá de lo que suceda del otro lado, si me dan a elegir, prefiero vivirlo todo de este lado, que es el que más o menos conozco.

Gira por la Argentina

En octubre viajarás, una vez más, por distintas provincias argentinas. ¿Cómo percibís al público en las provincias?

Hay idiosincrasias, problemas y ánimos diversos que configuran públicos diferentes. Cada público, depende de la ciudad al que pertenezca, entiende a su manera la liturgia teatral de un concierto. Así como el público de Córdoba, Salta y Mendoza es multifacético, lo mismo sucede con el de Madrid, el de Valencia y el de Cataluña. Por suerte existen las diferencias.

¿Cuando viajás a alguna ciudad buscás estar al tanto de lo que sucede en ese destino?

Sería una locura y una pretensión, ¿no le parece? Imagínese: viajo a Mendoza, entonces tengo que saber qué sucedió allí la última semana o cuál es el escándalo de la jornada. Al otro día viajamos a Salta y lo mismo… No entiendo bien adónde quiere ir.

Simplemente a que hay intérpretes que se comunican con su público a partir de sucesos de la vida cotidiana.

Me parece poco amigable y muy hipócrita. Nunca fue mi estilo, ni estuvo en mi ánimo ganarme a la platea en función de cómo cautivarla. Sería medio patético presentarme en Córdoba y comenzar el show con una serie de chistes diciendo “culeao”.

¿Y lucir una camiseta de algún equipo o de la Selección?

Menos que menos. Si me pongo la de Talleres… ¿Qué dirán los de Belgrano?

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