Ciencia
Futuro imperfecto

Mucho más que ciencia

Además de ser un compendio de conocimientos y métodos, sirve para ser mejores personas.

por Víctor Laurencena | Mayo 7, 2018

En 1543, Nicolás Copérnico publicó su obra más famosa: Sobre las revoluciones de las esferas celestes. Allí, mediante el poder de la observación y la invaluable asistencia de las matemáticas, este astrónomo polaco se atrevió a contradecir la teoría reinante, heredada del pensamiento clásico y conservada por el cristianismo medieval, de que la Tierra estaba en el centro del universo. Copérnico murió poco tiempo después, pero para muchos historiadores, con ese libro nació la ciencia.

Se trata de un tipo de pensamiento flexible, que está vivo, que evoluciona y que no acepta el principio de autoridad. O, como dijo el famoso físico Richard Feynman, “no importa cuán hermosa sea la hipótesis, cómo se llame o qué tan inteligente sea el que la hizo. Si no está de acuerdo con el experimento, está mal”. En definitiva, la ciencia propone una forma de pensar tan poderosa que en apenas 500 años cambió por completo el mundo y la forma en que vivimos en él.

Es gracias a la ciencia que mientras escribo estas palabras hay seis personas a 400 kilómetros de altura, viviendo en un laboratorio del tamaño de una cancha de fútbol que orbita la Tierra a unos 28.800 kilómetros por hora. O que sabemos que las estrellas “hornearon” los átomos, desde el carbono del que están hechos nuestros huesos hasta el nitrógeno que compone el papel de esta revista, para luego morir y explotar y permitir que todo exista. Pero, así como puso la vista en el cosmos, la ciencia también nos reveló, gracias a los estudios de ADN, una realidad con la que nos resulta difícil actuar en consecuencia: que todos somos parte de una misma familia, aquel pequeño grupo de ancestros que, ya erguido en dos piernas y armado con su intelecto, salió de África hace unos pocos miles de años, con ese mismo afán explorador que nos llevó a habitar todos los rincones del globo.

Sin embargo, la ciencia no tiene que ver sólo con eso. “Pensar científicamente es la herramienta más poderosa que inventó la humanidad para conocer el mundo”, me dijo en una entrevista el biólogo y divulgador Diego Golombek. “Y no es algo que sólo deba estar en poder de los científicos, tiene que ser una herramienta de educación universal. Poder pensar científicamente para decidir mejor, ser menos prejuiciosos y, en el fondo, ser mejores personas”.

Por supuesto que la ciencia no es perfecta. Entre el ideal y la realidad hay gente común y corriente, con malas intenciones, que cometen errores o que caen víctimas de la casualidad. La ciencia se construye de a pequeños —pero cada vez más frecuentes— pasos. Por eso, cuanto más grande sea el salto que proponga, más dudas y sospechas debería despertar.

De esto va a tratar esta sección. Están invitados a acompañarnos.

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