Culturas
¿Lo sabías?

5 cosas que amamos y que tenemos gracias a Karl Marx

Sin importar de que lado de la brecha estás, hay cinco cosas que todos disfrutamos y que le debemos a él.

por Redacción Rumbos | twitter @RumbosDigital | Mayo 11, 2018

Es probable que Karl Marx haya sido la persona más influyente del siglo XX. Si bien murió en 1883, sus ideas fueron recién aplicadas luego de la Revolución rusa de 1917 y, tras de la Segunda Guerra Mundial, el comunismo le disputó al capitalismo el dominio mundial en un enfrentamiento que pasó a llamarse la Guerra fría.

Hoy en retirada, las ideas de Marx son muy discutidas, en especial porque cuando fueron puestas en práctica se las relacionó con gobiernos totalitaristas. Por otro lado, en esta guerra de sistemas económicos ganó el capitalismo, y ya sabemos que la historia la escriben los vencedores.

Sin embargo, sin importar de que lado de la brecha estás, hay cinco cosas que todos disfrutamos y que le debemos a ese señor llamado Marx.

1. Señaló el lado oscuro del Estado, las empresas y los medios de comunicación

Junto a Friedrich Engels, Marx vio lo que pasaba cuando el Estado se alineaba con las empresas y los medios de comunicación.

“Ellos analizaron con mucho cuidado las redes de cooperación que existían en aquel entonces entre gobiernos, bancos, empresas y los agentes clave de la colonización”, dijo Vegh Weis, profesora de criminología de la Universidad de Buenos Aires (UBA) e investigadora de la Universidad de Nueva York, a la BBC.

Ellos fueron los primeros en ver esto y denunciarlo.

“¿Su conclusión? Si una práctica, deplorable o no, resultaba ser buena para los negocios y para el Estado —como por ejemplo la esclavitud como medio de promover el impulso colonial— entonces la legislación sería favorable para dicha práctica”, afirmó Weis.

Por otro lado, “Marx comprendía muy bien el poder que tienen los medios para influir la opinión pública. En estos días hablamos mucho de las ‘fake news’ [noticias falsas], que es algo que Marx ya hizo en su tiempo”, dijo Vegh Weis y agregó: “Estudiando los artículos que se publicaban llegó a la conclusión de que cuando los pobres cometían delitos, aunque fuesen menores, salían mucho más en la prensa que los escándalos políticos o los crímenes de las clases altas”.

También, “al decir que los irlandeses estaban robando trabajos a los ingleses, o al enfrentar negros contra blancos, hombres contra mujeres o inmigrantes contra locales, conseguían que los sectores más pobres de la sociedad luchasen entre ellos. Y mientras tanto nadie controlaba a los poderosos”.

2. Cambiar es posible

La Revolución Industrial llegó como una topadora y arrasó, en muy pocos años, con la sociedad tal como se la conocía. Tal vez por eso, se veía a ese sistema como imposible de cambiar.

“Los filósofos, hasta el momento, no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, ahora de lo que se trata es de transformarlo”, escribió Marx y su idea caló bien hondo.

Desde entonces, la protesta social logró grandes cambios. Según Lewis Nielsen, uno de los organizadores del Festival del Marxismo en Londres, “necesitás una revolución para cambiar la sociedad. Así fue cómo personas normales y corrientes lograron tener un servicio nacional de salud y una jornada laboral de ocho horas”.

Para Nielsen, el mayor legado de Marx es que “ahora tenemos una tradición de luchar por el cambio. Esto está basado en teoría marxista, aunque los que protesten no se consideren seguidores de Marx”.

3. El dinero no es todo

Antes de que lo dijeran Los Auténticos Decadentes, Marx planteó algo similar: no se trata sólo de dinero, también hay que estar satisfechos con el trabajo.

Ocurre que pasamos mucho tiempo en el trabajo, así que si no estamos contentos con lo que hacemos, difícilmente seamos felices.

Por eso es importante que nuestra labor nos permita ser creativos y que nos podamos ver reflejados en los productos que hacemos, que se conviertan en una muestra de nuestras habilidades e inteligencias.

Pero si tu trabajo es monótono, será muy difícil que traiga felicidad.

Y el capitalismo, denunciaba Marx, convertía al trabajador en su equivalente en dinero, es decir, el trabajador es una determinada cantidad de dinero que se usa como mano de obra, para la multiplicación del mismo.

4. Jornadas reducidas y fines de semana

Marx vio que para tener un sustento en el contexto de una sociedad capitalista, la mayoría de la gente no tiene más opción que vender su fuerza de trabajo.

Claro que ese comercio (trabajo a cambio de dinero) no se da entre partes de igual poder, por lo que suele terminar en la explotación y la alienación del asalariado.

“Marx dice que deberíamos vivir una vida que vaya más allá del trabajo. Una vida en la que tengamos autonomía, en la que podamos decidir cómo queremos vivir. Hoy en día, esta es una noción con la que la mayoría de personas estamos de acuerdo”, dice el profesor Mike Savage, de la London School of Economics.

5. Los chicos a la escuela, no a la fábrica

El concepto de niñez no siempre existió. Basta leer las duras novelas de Charles Dickens para ver que en la Inglaterra de la Revolución Industrial los niños eran apenas “adultos pequeños” y que debían ganar su sustento como cualquier otra persona.

Si bien en la actualidad uno de cada 10 niños está sometido al trabajo infantil (cifras de la Organización Internacional del Trabajo), la gran mayoría de las personas estará de acuerdo en que los niños no deben trabajar.

Y eso se lo debemos en parte a Marx. Linda Yueh, autora del libro The Great Economists: How Their Ideas Can Help Us Today, afirma que una de las medidas del Manifiesto Comunista de Marx y Engels era que la educación sea gratuita para todos los niños y que se aboliera el trabajo infantil. Si bien no fueron los primeros en defender estos derechos, según Yueh, “el marxismo contribuyó a este debate en ese periodo de fines del siglo XIX”.

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