Viajes
Historia de vida

El arquitecto francés que dejó todo para ponerse una pulpería en Argentina

Vino al país para aprender el idioma español pero se enamoró de una casona en San Telmo y terminó invirtiendo $3 millones para restaurarla.

por Redacción Rumbos | twitter @RumbosDigital | Mayo 12, 2018

Sabemos de muchos argentinos que se fueron a Europa para buscar un mejor pasar pero esta historia nos remite a nuestros ancestros que cruzaron el Atlántico hacia estas latitudes para “hacer la América”. Tal es el caso de Grégoire Fabre un arquitecto, abogado y periodista nacido en Corbières (Francia), que llegó al país para aprender español y terminó comprando una vieja casona de San Telmo (Buenos Aires) para poner una pulpería.

Todo comenzó en 2012, cuando Gregorie y su novia, Tatiana, decidieron hacer un viaje. Ellos querían conocer América del Sur y aprender el idioma. Además, la chica quería estudiar Derecho en la Universidad de Buenos Aires. Así que se instalaron en la Capital Federal y se propusieron cambiar de departamento y de barrio todos los meses durante un año, hasta que algo los cautivó.

Recorrieron el país y se deleitaron con las pulperías típicas del interior del país, visitaron por cuanta feria, exposición y chacra encontraron. Y esto los llevó a degustar sabores típicos como las cervezas del Chañar de San Luis, el licor de Algarroba de Córdoba o los quesos de Suipacha. Este agasajo al paladar hizo que a Fabre le pique el bichito de la gastronomía y fue aquí cuando comenzó a convencerse de no volver.

“Al principio teníamos la idea de abrir un lugar para vender queso. Y nos dimos cuenta de que ya existían en el interior de la provincia de Buenos Aires y muy buenos por cierto. De hecho, actualmente nuestro orgullo en Quilapán es nuestra selección de quesos”, cuenta Fabre a Buenos Aires Connect.

Este emprendedor encontró una vieja casona en San Telmo que compró y restauró. El edificio era un almacén del siglo XVI que vendía de todo: comida, bebidas, carbón, telas. Estaba en ruinas y lo vendían para hacer una torre de departamentos. Le llevó cuatro años dejarlo como había soñado pero finalmente fue tomando forma y lograron abrir en abril de este año la pulpería Quilapán.

El costo total de la refacción llegó casi a $ 3 millones. Pudimos hacerlo gracias a la recuperación de elementos de demoliciones y a profesionales comprometidos con el proyecto que pudieron enseñarnos, por ejemplo, cómo rehacer las paredes de barro que se habían lastimado”, cuenta Fabre a Apertura y agrega: “Se hizo todo con pasión, amor y respeto por lo que hay, tratando de hacer las cosas para que duren en el tiempo. Fue una obra compleja. Había que hacer coincidir la tipología de una casa de 1860 con las normas de seguridad e higiene actuales, respetando el presupuesto que teníamos”.

At the Pulperia Quilapan with Katie. . Porteno pride. Deep in the heart of San Telmo in Buenos Aires, this barrio named in honor of the patron saint of seafarers. . Pulperia: Female name originally from the Rio de la Plata region. Typical trade that combines warehouse, tavern and shop where “gauchos, indigenas, paisanos, criollos, indios y negros” gather to drink, eat and have fun. . Quilapan: Name of the last great Mapuche chief, disciple of Calfucura, faithful friend of the king of Patagonia Orélie Antoine I. Passionate about justice and freedom, the lonco Quilapán, architect of the unification of the Mapuche territory, fought to defend his lands and respect for the ancestral customs. . . . #argentina #buenosaires #santelmo #pulperiaquilapan #porteno #exploremore #daysweremember

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La pulpería Quilapán pretende revivir la tradición de las pulperías de antaño, “es un bar donde se puede comer y beber, un almacén, un negocio donde se pueden comprar productos locales de calidad y un club social donde se organizan diversas actividades”, cuenta su fundador.

Todo lo que se puede ver como decoración del lugar es autóctono: el primer tractor y la primera televisión de fabricación argentina, la máquina de hacer pochoclo, los muebles y hasta los platos.

Hoy Grégoire está feliz con su nuevo emprendimiento y cuenta que como francés lo más difícil de vivir en Argentina es “todo lo administrativo, si se quiere también y más triste lo que pasa con la inseguridad, la corrupción“. Y lo mejor de vivir en Buenos Aires, “poder sorprenderme a diario. Vivimos en un país en el que el tiempo y el clima cambia todo el tiempo y la gente es muy sensible al tiempo. Esto transforma a la gente pueden ser histéricos o maravillosos.” 

“Aquí, muchos piensan que porque algo es de otro país significa que es de mejor calidad”, resalta el emprendedor, y concluye: “Existen productores locales de quesos excepcionales, productores de vino excepcionales. Sabemos que hay gente que realiza un trabajo de excelencia. Nosotros queremos resaltar el tema del productor comprometido y el consumidor responsable que tiene ganas de saber por qué el producto es tan bueno”.

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