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¿Loco o visionario? Forssmann, el médico que hizo el primer cateterismo cardíaco… en sí mismo

Sus colegas decían que el procedimiento lo mataría, pero él lo probó en su cuerpo y por eso ganó el Nobel de Medicina.

por Víctor Laurencena | Mayo 23, 2018

“Estas loco”. Eso le dijeron sus colegas a Werner Forssmann, un médico alemán que afirmaba que se podía llegar al corazón a través de las venas del brazo.

Corría la década de 1920 y la obsesión de Forssmann era encontrar una manera de alcanzar el corazón evitando las peligrosas lesiones que se ocasionaban en arterias coronarias o la pleura al administrar una inyección intracardíaca. Y de yapa, lograr un procedimiento que no tenga necesidad de anestesia general.

Sin embargo, los otros médicos que trabajaban con él en el August Victoria Home consideraban que la idea de Forssmann, por ese entonces un residente de apenas 25 años, era muy peligrosa y que, de practicarla, sin dudas acabaría con la vida del paciente.

Pese a las críticas, él comenzó, en secreto, a hacer experimentos con cadáveres y así aprendió que la sonda debía ser tener 65 centímetros de largo.

El siguiente paso era obvio: probar en alguien vivo. Pero conseguir un paciente estaba descartado, así que decidió probar en él mismo.

En 1925, en un primer intento, le pidió ayuda a un compañero y llegó a introducirse 35 centímetros. Pero entonces su asistente entró en pánico y debió suspender la prueba.

Pocos días más tarde, le pidió colaboración a Gerda Ditzen, enfermera responsable de Cirugía, quien aceptó con la única condición de ser ella la paciente.

Forssmann simuló que era a ella a quien cateterizaba, mientras hacía el procedimiento en él mismo, metiendo una sonda urinaria a través de su vena cubital. Ditzen se dio cuenta del engaño en el medio del procedimiento y se negó a seguir participando. Entonces, Forssmann, con la sonda puesta, caminó hasta el departamento de radiología para ver en qué lugar estaba el catéter.

Con la ayuda de una enfermera de radiología, que le sujetó un espejo, pudo ver la imagen fluoroscópica (una técnica para tomar imágenes de rayos X en tiempo real) y logró observar que la punta del catéter estaba aún en la zona del hombro. Forssmann la empujó un poco más, llegó a su corazón y se tomó una radiografía que luego sería famosa.

¿Loco o visionario? Werner Forssmann, el médico que hizo el primer cateter cardíaco... en él mismo

Con la prueba de que su método funcionaba, se acercó a su jefe quien reconoció el valor de esta nueva técnica. Así, pudo probarla en una paciente terminal, a quien le administraron un  medicamento directamente en el ventrículo derecho, en lugar de hacerlo por la tradicional vía intravenosa. En una autopsia posterior, pudieron ver que la sonda había llegado al objetivo: el corazón.

Lejos de ser reconocido de inmediato, la vida de Forssmann tomó un inesperado camino.

Al poco tiempo se fue al Hospital de la Caridad y publicó un artículo titulado “El cateterismo del corazón derecho”.

Fue un escándalo. Su trabajo no fue tomado seriamente y lo consideraron un carnicero, un hombre más digno de hacer “trucos circenses” que un verdadero médico.

Regresó a Berlín, pero dejó de investigar y fue despedido al poco tiempo. Entonces decidió dedicarse a la cirugía y la urología.

En 1932, se afilió al partido nazi y a la Liga de Médicos de la Alemania Nacional Socialista, que estuvo muy involucrada en las políticas de “higiene racial” y eugenesia. Según escribió en sus memorias, estando en esa liga pudo salvar muchas vidas. Sea cierto o no, él se afilió dos años antes de la llegada de Adolf Hitler al poder, y tampoco fue juzgado en Nüremberg.

Como sea, cuando estalló la Segunda Guerra Mundial participó como oficial médico en el ejército aléman.

Cuando terminó la guerra, cayó en las garras de los rusos, pero logró escapar para ser luego capturado por los estadounidenses. Fue llevado a un campo de prisioneros y finalmente liberado en octubre 1945. En los años posteriores, se dedicó a vivir una vida tranquila como médico rural.

Mientras tanto, dos médicos de Estados Unidos, André F. Cournand y Dickinson W. Richards, se enteraron de la técnica de Frossmann para cateterizar el corazón derecho y vieron que era oro puro.

Así, trabajaron para que pueda ser aplicada en la práctica clínica.

Finalmente, cuando en 1956, Cournard y Richards recibieron el Premio Nobel de Medicina por eso, el premio fue, con justicia, compartido con Forssmann.

Pero para él fue una sorpresa. Tanto, que cuando lo llamó la Academia sueca y le dijo que estaba nominado al premio, no sabía por qué razón. Para él, la experiencia del cateterismo cardíaco había quedado como una anécdota del pasado, olvidada por todos.

Hoy, las aplicaciones del cateterismo cardíaco son invaluables, por ejemplo: tomar una muestra de tejido del corazón (biopsia); evaluar malformaciones congénitas del corazón y medir la presión de la sangre; cerrar pequeños orificios dentro del corazón o reparar válvulas estrechas o con filtraciones; tratar arritmias cardíacas; eliminar coálugos; realizar angioplastías o valvuloplastías ; o colocar “stents”; entre muchas otras.

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